jueves, 3 de mayo de 2018

9930 - John Pizzarelli - 2004 - Bossa Nova


Existen Diversas Teorias Sobre Su Origen

¿De dónde viene la expresión "bossa nova"?

De una frase de un lustrabotas a la curiosa promoción de un recital, son muchos los misterios que rodean a la “bossa nova"

Cuesta creerlo pero la bossa nova, la mani­festación musical na­cida hace cuarenta años de la cabe­za y las manos de toda una generación de artistas, bien podría deber su nombre a un hombre que tra­bajaba lustrando en la calle zapa­tos ajenos. 

La historia del anónimo lustra­dor de zapatos que inspiró con su expresión a quiénes buscaban un nombre para bautizar el naciente movimiento no es oficial, pero es tan válida como otras que tampoco lograron imponerse por carecer de pruebas suficientes. 



Durante el apogeo de la bossa nova, entre 1959 y 1964, el reporte­ro Sergio Porto reclamó el honor de haberla bautizado gracias a la ocurrencia de un lustrabotas de Río de Janeiro. Según Porto, el hombre, admirado por sus zapatos sin cordones -unos mocasines que empezaban ya a hacer moda en Brasil-, exclamó: “¡Bossa nova! ¿Eh, doctor?”. 
Otra versión menos literaria y mucho más académica (y aburri­da) es la que proviene de la investigación del periodista Ruy Castro, la palabra bossa era usada por algu­nos músicos de las primeras déca­das del siglo para referirse a al­guien que cantaba o tocaba dife­rente de los demás. Con el tiempo, la expresión sirvió de receta para aludir a cualquier moda o tenden­cia y en la actualidad es sólo un ar­caísmo que sobrevive sólo en los más completos diccionarios. Sin excepción, quienes acompañaron el nacimiento de la bossa nova ; eran inquietos y rebeldes, y con su estilo de vida dieron más realce a lo que los historiadores llaman hoy los “años dorados” de Brasil. 

Este período comenzó en 1956, cuando Juscelino Kubitscheck asumió la presidencia del Brasil con la consigna “Cincuenta años en cin­co”, que catapultó el crecimiento económico del país.
A partir de entonces, y hasta el final de la década, un buen núme­ro de hechos significativos causa­ron una profunda transformación en la sociedad brasileña. En 1957 se estrenó el filme Río, zona norte, que dio origen al Cinema Novo. En 1958 la selección de fútbol ganó la primera Copa del Mundo y, ese mismo año, el escritor Jorge Amado lanzó su novela Gabriela, clavo y canela. En 1959 surgió el llamado movimiento neoconcreto en las artes plásticas y en 1960 el presidente Kubitscheck inauguró la nueva capital del país, Brasilia, que detentaba una aproximación a las últimas teorías arquitectónicas. 


Finalmente, la versión más aceptada sobre el origen del nom­bre es la del periodista Moysés Fúks, quien a mediados de 1958 era director artístico del Grupo Uni­versitario Hebraico de Brasil, una asociación de estudiantes israelíes en el barrio Flamengo. Según esta génesis, el nombre fue por prime­ra vez impreso en unos volantes que anunciaban un show multitu­dinario (por la cantidad de músicos sobre el escenario) en un mo­desto teatro.  
Fuks, responsable de organizar los actos culturales de ese grupo universitario, tenía una hermana que era alumna de guitarra de la academia de Roberto Menescal y Carlos Lyra, dos de los nombres que pasarían a la historia como importantes exponentes de la bossa nova. Al oír de su hermana las inéditas canciones que le enseña­ban sus maestros y que surgían de un extraño modo de tañer las cuer­das -el peculiar estilo que venía propagando un guitarrista todavía muy poco conocido y descarada­mente joven, Joao Gilberto-, Fuks tuvo la idea de invitar a los profe­sores Menescal y Lyra a protagoni­zar una de las noches de recitales del Grupo Hebraico. 
La pareja de músicos aceptó, pero pidió ampliar el cartel con otros jóvenes cultores del movimiento. Las cantantes Sylvia Telles y Nara Leao, Chico Feitosa y Normando Santos, y los músicos de la orques­ta que los secundaba: el pianista Luizinho Eza, el saxofonista Bebeto, el trompetista estadounidense Bill Honr, el contrabajista Henrique y el bajista Joaó Mario.
Siempre que le preguntaron, Fuks aseguró que nadie le sugirió nada, pero tampoco recordaba qué le motivó a imprimir en un mimeògrafo cientos de carteles pro­mocionales del espectáculo con la promesa de “una noche bossa no­va”. Aquella noche, cuando cerca de doscientas personas quedaron

Clarin - Espectaculos
Hernan Bahos Ruiz (Agencia EFE)
Sabado 18 de Abril de 1998

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