jueves, 3 de mayo de 2018

9926 - U2 - 1992 - Who's Gonna Ride Your Wild Horses

El Pop Mart Tour De U2 Finalmente Llego A La Argentina

NOSOTROS TE CONMOVEREMOS

Un show caliente combinó última tecnología y mucha emoción. Ante casi 60 mil personas, los cuatro irlandeses más famosos mostraron cómo es el futuro del rock en los estadios.


Pop. Dos letras “P" que son como esas figuras que se co­locan a modo de sostén, a ambos lados de una fila de li­bros. Una letra “O” capaz de englobar a to­dos esos libros y a muchos más. Una letra que de “O" pasa a ser globo terráqueo, lu­na, pelota de fútbol, símbolo masculino, símbolo femenino, y carrito de supermer­cado. Eso es lo que se ve en la pantalla. Eso, las dos “P” y la “O mutante”, mien­tras un hombre disfrazado de boxeador (bata azul de seda con vivos dorados, larga y con capucha, y muy apropiada remera estampada con falsos pectorales de patovica) baila como Ray Sugar Leonard, tira piñas al aire como un peleador callejero fanfarrón y canta, como una estrella de rock, pero, de las que tienen algo para de­cir.
Y ahora va y dice que está "buscando al niño Jesús entre la basura”. Y también: "Madre, vos me abandonaste y me hiciste alguien".
U2 acaba de subir al escenario de River y ya desde la primera canción a la que le pone la voz, Bono (el boxeador que canta) empieza a trazar al revés el circulo que culminará, dos horas y veinte minutos más tarde, con la presencia sobre el esce­nario de las Madres de Plaza de Mayo, cu­ya presidenta, Hebe de Bonafini, le había dicho al cantante el día anterior: "Nuestros hijos nos parieron. Cuando ellos desapare­cieron, nosotras nacimos”.
Estamos en una de las últimas escalas del Pop Mart Tour, la gira que U2 co­menzó en Las Vegas el 25 de abril del año pasado y con la que está presentando su disco Pop.
Estamos, hay que decirlo de una vez, ante el show de rock más fenomenal, exci­tante y conmovedor que haya pasado por Buenos Aires..
Tanto, que resulta difícil (más allá del lugar común ese según el cual una ima­gen vale más que mil palabras) poner los datos técnicos sobre un papel sin sentirse ridículo.y relatar los sucesos sin pasar por un narrador meramente anecdótico.
Por ejemplo: antes que Bono comience a cantar la canción Mofo (la de buscar al niño Jesús, la de la madre que abandona a su hijo), dos himnos pop remixados “Made in U2” (la Misión: Imposible del argen­tino Lalo Schiffrin, y el clásico Pop Muzik) comenzaron a calentar el ambiente. Corri­das fogosas al costado izquierdo del esce­nario, y el grupo que entra por allá, cami­nando entre miles de incrédulos, por un pasillo de metal y carne de guardaespalda que desemboca en una pasarela. El baterista Larry Mullen sube primero, lo siguen el bajista Adán Clayton, el guitarrista The Edge y el boxeador Bono. Mientras, en la "pantalla más grande del mundo” (51 me­tros por 17 que cubren la totalidad del es­cenario) sucede lo de la palabra Pop, diez cañones de luz le apuntan al cielo y Bono canta Mofo y tira piñas. ¿Pasó todo esto? Ver para creer: el show acababa de empe­zar y, de seguro, cada una de las 60.000 personas que allí estaban reparó en algo diferente.
Una lista de temas escrupulosamente construida se llevó los aplausos mayores y los coros más vigorosos cuando hizo lugar para los hits de los 80. -New Year’s Day, (Pride) In the Name Of Love, All I Want Is You; es decir: Día de año nuevo, (Orgullo) En nombre del amor y Todo lo que quiero sos vos-, dejando siete casilleros para te­mas del disco Pop. En ese largo recorrido tuvimos a Bono conmovedor y conmovido en I Still Havén’t Found What I’m Lookíng For (Todavía no encontré lo que esta­ba buscando, con encendedores tapizando el estadio y Bono pidiéndole al iluminador que baje las luces de escena), a Bono Fidel Castro hilvanando un mantra larguísimo en Bullel the Blue Sky / Disparen al cielo azul (el cantante prendido de un paraguas estampado con la: bandera de Estados Uni­dos pero dado vuelta por el viento, e inter­calando frases de Nosotros te conmovere­mos de Queen) y siguiéndolo en Please (Por favor), para llegar a un final olímpico en Where the Streets Have No name (Donde las calles no tienen nombre).
Intervalo y... ¡dance! Un remix perfecto de Lemon (Limón), y el esperado truco ti­po David Copperfield: los cuatro U2 sa­liendo de un limón gigante convertido en bola de espejos. Díscotheque pura. River bailaba y bailaba. El mambo se cortó con la delicada pasión de If You Wear That Velvet Dress (Si te pusieras aquel vestido de terciopelo, pieza mayor del disco Pop) y el hitazo With or Whitout You (Con o sin ti). El final, se sabe, llegó con las Madres de Plaza de Mayo en escena, recibiendo de regalo la insuperable canción One (Uno), y dejando para el cierre Madres de los de­saparecidos, con Hebe de Bonafini, ahora sí, cambiándole al boxeador la capucha (palabra fea) por un pañuelo blanco.
Dos horas y veinte minutos, entonces, dé cinemascope pantalla gigante, grandes canciones, sensación montaña rusa y vi­deo game, llanto, baile, coros, abrazos, un hombre magnético en el micrófono y un hombre magnífico en la guitarra. Un show de rock completamente nuevo, que sube al máximo todas las apuestas y deja chiquito al Voodoo Lounge de los Roiling Stones en tamaño e ideas. Es que además de la paraférnalia escénica, el arsenal tec- no con el que decidieron hacer biónicas sus últimas canciones sigue funcionando como una puerta de entrada a nuevos mundos, al rock del mañana que segura­mente no hagan ellos. Y reclama ojos y oídos abiertos, atentos.
El Pop Súper Mercado (bajo su arco do­rado de tantos metros de alto y con esa pantallaza atrás y con el limón del espacio exterior y con sus picardías, ironías y disfraces) al final tenía un muy buen produc­to en oferta: el conjunto de rock irlandés U2. Tal como lo resumía el crítico del The New York Times Jon Páreles hace casi un año, cuando ese Titanic rock que es el Pop Mart comenzaba a navegar: "Bajo un arco dorado, sinceramente U2”.
De una u otra manera, nosotros te con­moveremos. Eso es lo que dicen a cada ra­to, con cada canción, con cada ilumina­ción, hasta cuando callan. Y está bien... Boxeador, lo lograste.

El Bueno de Bono:
CHAMPAN. Los integrantes de Illya Kuryaki y Babasónicos, soportes de los tres shows, no daban crédito a la visita que recibieron en los camarines. Una intri­gante dama golpeó la puerta y en el más elegante idioma inglés dijo: “Se los manda Bono”. Sendas cajas de champán helado fueron el homenaje que el líder de U2 tuvo para los telone­ros locales..
NO SE MOJEN. Ya en su estadía en el hotel Hyatt, el bueno de Bono había honrado su apodo. Más de una vez des­cendió, literalmente y en sentido figu­rado, a dialogar de manera informal con fans que lo aguardaban bajo la llu­via. Los convidó con tentempiés (me­dialunas o brownies), Cada vez que él se enfundaba en la capucha de su cam­pera, los asistentes temblaban: era señal inequívoca de que saldría a la ca­lle. Allí intentó convencer a los fanáti­cos acerca de lo irracional que era estar parados a la intemperie, intentando verlo a él, mojándose. Mientras el astro daba sus argumentos e ignorando su humanitario gesto anti-divo, dos chicas lloraban emocionadísimas y estiraban sus pelos para comprobar que todo era . cierto:
LA BOCA. Bono sorprendió a la produc­ción local con un pedido: quería ir a co­mer a determinado restorán de la Bo­ca. ¿Y cómo sabés que hay que ir ahí? “Me lo dijo Wim Wenders”, fue la res­puesta.
CARRITOS. El desplazamiento de las Madres de Plaza de Mayo desde el pal­co en el que se ubicaron hasta las proxi­midades del escenario, fue poco menos que triunfal. En los carritos que transportan jugadores lesionados, recorrie­ron unos cincuenta metros cosechando aplausos y devolviendo besos y salu­dos.
VOLANTES. ¡La esquina de Figueroa Alcorta y Udaondo cubierta de mujeres desnudas y fragmentos bíblicos! Miles de almanaques con fotos topless perte­necientes a la “Línea caliente de Pame­la” compartían el suelo con volantes cristianos bautizados “U2= You Too= Tú también". Ya adentro del estadio, esperaban los stands de las organiza­ciones Greenpeace y Amnesty Interna­tional, unos para sumar socios o juntar firmas a favor de la energía eólica y los otros para ofrecer diversas direcciones de presos políticos.
RICOS Y FAMOSOS. Muchas de las caras. conocidas que se vieron en el Estadio Monumental ocuparon asientos en las plateas bajas: Nancy Dupláa, Dolores Barreiro, Dolores Cahen D'Anvers, Juan Castro, Diego Ramos y el clan Pauls (Alan, Gastón y Nicolás).

Clarin - Espectaculos
Sabado 7 de Febrero de 1998

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