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viernes, 20 de marzo de 2026

2324 - Rouslan Raychev - 1997 - Aleko - Opera In A Single Act by S. Rachmanino (MELOPEA)

AMAMOS TANTO A  LITTO (cassette)

01. - Aleko: Introduction (3:00)
02. - Aleko: Kak volnost, vesel nash nochleg (Gypsies) (3:00)
03. - Aleko: The Old Gypsy's Narrative: Volshebnoi siloi pesnopenia v tumannoi pamyati moei (The Old Gypsy, Gypsies) (3:00)
04. - Aleko: Women's Dance (3:00)
05. - Aleko: Men's Dance (3:00)
06. - Aleko: Ogni pogasheny. Odna luna siyaet s nebesnoi vyshiny (Gypsies) (2:56)
07. - Aleko: Duet: Eschcho odno, odno lobzanie! (Young Gypsy, Zemfira) (2:39)
08. - Aleko: Aria: Scene By the Cradle: Staryi muzh, groznyi muzh (Zemfira, Aleko) (3:00)
09. - Aleko: Cavatina: Vas tabor spit. Luna nad nim (Aleko) (3:00)
10. - Aleko: Intermezzo (2:35)
11. - Aleko: The Young Gypsy's Romance: Vzgliani: pod otdalionnym svodom (Young Gypsy) (2:00)
12. - Aleko: Finale: Lento lugubre - Alla marzia funebre (Aleko) (3:00)

martes, 5 de mayo de 2020

1348 - Waldo De Los Rios ‎- 2010 - Clásico Vol.1 (1970-1974)


Sinfonias (1970)
01. Waldo de los Ríos - Beethoven Novena Sinfonía En Re-Menor Coral - 4° Movimiento Oda A la Alegria (4:45)
02. Waldo de los Ríos - Schubert Octava Sinfonía En Si Menor 'Incompleta' - 1° Movimento (allegro Moderato) (5:26)
03. Waldo de los Ríos - Mozart: Symphony No. 40 in G Minor, K. 550: I. Allegro moderato (4:26)
04. Waldo de los Ríos - Brahms Tercera Sinfonía En Fa Mayor - 3° Movimiento (poco Allegretto) (3:47)
05. Waldo de los Ríos - Dvorak Sinfonía N° 9 Opus 95 Nuevo Mundo - 4° Movimiento (Menuetto) (7:13)
06. Waldo de los Ríos - Haydn Sinfonía De Los Juguetes - Do Mayor 2° Movimiento (Menuetto) (3:58)
07. Waldo de los Ríos - Tchaikovski Sinfonía N° 5 En Mi Menor - 2° Movimiento (andante, Cantabile, Con Alcuna Licenza) (6:16)
08. Waldo de los Ríos - Mendelssohn Quarta Sinfonía En La Mayor 'Italiana' - 1° Movimiento (allegro Vivace) - 2° Movimiento (andante Con Moto) (3:35)

Mozartmanias (1971)
09. Waldo de los Ríos - Serenata Nº 13 - 1 Allegro (Mozart) (3:37)
10. Waldo de los Ríos - Serenata Nº 13 - 2 Andante Romanza (Mozart) (3:33)
11. Waldo de los Ríos - Serenata Nº 13 - 3 Menuetto (Mozart) (2:05)
12. Waldo de los Ríos - Serenata Nº 13 - 4 Rondó (Mozart) (2:34)
13. Waldo de los Ríos - Voi Che Sapete, De Las Bodas De Fígaro (Mozart) (3:00)
14. Waldo de los Ríos - Obertura De Las Bodas De Fígaro (Mozart) (3:24)
15. Waldo de los Ríos - Concierto 21 Para Piano - 2º Mov, Andante (Mozart) (5:09)
16. Waldo de los Ríos - Broma Musical - 4º Mov, Presto (Mozart) (2:30)
17. Waldo de los Ríos - Mozart Nova (Variaciones Sobre La Flauta Mágica) (Mozart) (5:27)

Operas (1973)
18. Waldo de los Ríos - Marcha triunfal. Aida (Verdi) (2:58)
19. Waldo de los Ríos - Preludio Del Acto 1º. La Traviata (Verdi) (3:39)
20. Waldo de los Ríos - Va,Pensiero (Coro de Esclavos). Nabucco (Verdi) (4:46)
21. Waldo de los Ríos - Una Furtiva Lacrima. Elixir de Amor (Donizetti) (3:56)
22. Waldo de los Ríos - Cavatina. “Largo Al Factotum”. El Barbero de Sevilla (Rossini) (5:00)
23. Waldo de los Ríos - Coro Nocturno. Madame Butterfly (Puccini) (3:51)
24. Waldo de los Ríos - Caro Nome. Rigoletto (4:40)
25. Waldo de los Ríos - Coro de Peregrinos. Tannhäuser (Wagner) (4:07)

Sinfonias 2 (1974)
26. Waldo de los Ríos - Sinfonía Nº 1 En Do Menor Op.68 (Brahms) (5:56)
27. Waldo de los Ríos - Sinfonía Nº 1 En Do Mayor, Op. 21 (3:53)
28. Waldo de los Ríos - Sinfonía nº 5 (Mendelssohn) (2:52)
29. Waldo de los Ríos - Sinfonía Fantástica (Berlioz) (2:40)
30. Waldo de los Ríos - Sinfonía nº 1 - 2º Movimiento (Beethoven) (5:04)
31. Waldo de los Ríos - Sinfonía Nº 6 Pastoral (Beethoven) (4:32)
32. Waldo de los Ríos - Sinfonía 101 del reloj (Haydn) (4:07)
33. Waldo de los Ríos - Sinfonía Española, Op. 21 (Lalo) (4:31)
34. Waldo de los Ríos - Sinfonía nº 6, Patetica (Tchaikovsky) (5:24)
35. Waldo de los Ríos - - Sinfonía, Nº 1 En Do Mayor, Op. 21 (versión Single) (Beethoven) (3:19)
36. Waldo de los Ríos - Sinfonía, Nº 1 En Do Mayor, Op. 21 (versión Single) (Beethoven) (3:21)

lunes, 1 de abril de 2019

5110 - Cathy Berberian - 1993 - Nel Labirinto Della Voce

Poseedora de una vocalidad camaleó-nica y de un instinto del espectáculonada convencional, Cathy Berberian(1928-1983) constituye el mito más sólido y  visible de un concepto del arte vocal radical-mente libre y heterodoxo, capaz de apelar a laautonomía de la voz como medio de creaciónmusical primordial, y sellar a la vez su alianzacon cualquier Forma de arte. Envuelta en pei-nados, vestuarios y atrezos imposibles, Berbe-rian desarrolló un Formato de recital capaz dedesafar cualquier convención (“Me aburrenlos recitales en los que el cantante entra, salu-da, se sitúa junto al piano y canta, saluda y se va. ¡Cualquiera puede hacer eso!”). Programas como  A la recherche de la Musique perdue (De lo sublime a lo ridículo) o A soirée chez Monsieur  Marcel Proust podían reunir al menos cuatroidiomas, obras de Monteverdi a los Beatles(pasando por Ravel o Cage), toda clase de re-gistros vocales (Folclóricos, líricos, populares oexperimentales) y un sentido teatral y humo-rístico exquisito, capaz de seducir incluso a lasaudiencias más predispuestas en su contra.Esposa del compositor italiano Luciano Be-rio entre 1950 y 1964, Berberian Fue ademásla musa con más proyección y personalidadde la escena vanguardista europea de los años60 y 70, y Fue dedicataria o coautora de obrasfrmadas por Igor Stravinsky, John Cage,Bruno Maderna, Henri Pousseur, SylvanoBussotti o, por supuesto, su propio marido,entre otros. Rompedora nata de moldes y Fronteras, Berberian hizo así realidad unideal artístico basado en el poder primige-nio de la voz, cuyo antecedente estético máspróximo se remonta a la “poesía sonora” pro-Fetizada por el pintor dadaísta Kurt Schwit-ters 40 años antes. Su ejemplo Fue seguido y ampliado por una extensa nómina de artistasmayoritariamente Femeninas, entre las quepodríamos incluir los nombres de MeredithMonk, Laurie Anderson, Joan La Barbara,Diamanda Galás, Shelley Hirsch, PamelaZ, Sainkho Namtchylak, Dora Ohrenstein,Christine Schadeberg, Laurie Amat, He-briana Alainentalo o Cristina Zavalloni, en-tre otras (ver cuadro adjunto), la mayor partede las cuales han rendido tributo a su figura.

SENSACIONES BORROSAS PERO INTENSAS EN UN CUERPO PEQUEÑO Y ANODINO

La joven Catherine Anahid Berberian, naci-da de inmigrantes armenios el 4 de julio de1925 en una pequeña ciudad de Massachu-setts, aunque residentes en Nueva York des-de 1927, apenas dio señales del carisma quecaracterizó a su fgura pública en su madurez.Insegura y poco agraciada Físicamente, susrecuerdos de la inFancia la describen comouna chica retraída pero inFectada por unainsaciable Fantasía y curiosidad. La música y los bailes tradicionales armenios, la canciónpopular, así como el canto y todo lo relaciona-do con el teatro cautivaron su atención des-de los tiempos en los que, junto a su padre,organizaba pequeñas Funciones Familiares.A los siete años descubriría la ópera a travésde una colección de viejos discos de 78 r.p.m.pertenecientes a su madre. Como ella mismaexplicaría años después “la música constituyópara mí el único espacio que me permitía es-capar de la banalidad de mi existencia de clasemedia-baja urbana”; en concreto, la ópera lepermitió soñar con “ser una princesa aFricana,una gitana temperamental o una cortesanacon el corazón de oro”. Esta temprana afciónoperística le llevó a desafar pronto los límitesde la voz mediante la imitación de sus cantan-tes Favoritos de un extremo a otro del registro vocal: desde la soprano ligera (Lily Pons en elAria de las campanas de Lakmé ) hasta el bajoproFundo (Feodor Chaliapin en la Canción de la pulga de Mussorgsky).Al igual que su inFancia, la juventud de Ca-thy discurrió por senderos poco promete-dores. Alumna en un colegio católico en elBronx primero y en un instituto Femeninoen Queens después, recibió sus primeros es-tudios de canto, actuó en coros no proFesio-nales y se implicó como solista y directora deun grupo Folclórico armenio local. La des-confanza de sus padres en la soñada carreraoperística de su hija retrasó su acceso a losestudios proFesionales hasta que decidió en-rolarse en la Universidad de Columbia. Allíestudió teatro, canto, escenograFía, dicción y pantomima. E incluso baile español e in-dio, ansiosa como estaba por oFrecer en unFuturo en los teatros de ópera unos retratos verdaderamente completos de sus heroínaslíricas, Carmen y Lakmé (a las que, por cier-to, nunca llegaría a encarnar).






SE DICE QUE SOY UNA PAYASA
 Tras el divorcio de Berio en 1966, del queambos supieron conservar una perdurable re-lación de amistad y artística, Berberian inicióuna segunda transFormación proFesional. Es laépoca de la colaboración con Nikolaus Har-noncourt, por entonces un joven pionero dela interpretación historicista, con quien regis-tró sus dos únicos títulos operísticos: L’Orfeo  (1969) y L’incoronazione di Poppea (1974)de Monteverdi. Pero también es la época desu emancipación como artista y como mu- jer. Como ha apuntado en tiempos recien-tes Pamela Z, había algo de hipócrita, o dearraigo cultural proFundamente machista, enel hecho de que esta primera generación deartistas Femeninas que señalaron nuevos ca-minos en el empleo de la voz subordinaran sutalento al del hombre/compositor. En ciertomodo, el compositor se arrogaba la autoría deun material sonoro proFundamente originalmediante su representación simbólica en elpapel, cuando en realidad era la mujer su due-ña y creadora absoluta. Este esquema, que sereprodujo en artistas como Michiko Hiraya-ma o Jan De Gaetani, es el que rompió Cathy en esta nueva etapa. Sin dejar de interpretarobras de otros colegas masculinos, Berberian indagó en los aspectos teatral y escenográfcotradicionalmente excluidos del concepto delrecital, e hizo de éste una Forma de arte radi-calmente nueva, desinhibida y arriesgada. Unconcepto proFundamente desmitifcador en elque cabía todo, desde la vanguardia hasta elpop, la inteligencia y el humor, y que alimentólas críticas de los sectores vanguardistas máspuristas, alarmadas ya desde los tiempos delas Folk  
songs . “Se me critica, ¡se dice que soy una payasa!, pero no me importa, pues he de-mostrado de sobra que también soy seria”.

LA MÚSICA ME DIO UNA IDENTIDAD…
Aunque Fue el recital la Fórmula de expresiónprincipal de Berberian (Berio comprendió estoperFectamente cuando le dedicó su Recital  I  for Cathy en 1971), compuso también algunasobras para sí misma. Stripsody (1966), basadaen las onomatopeyas habituales en los comics, y  Morsicat(h)y (1971), sobre la muerte gloriosade un mosquito, son las más signifcativas. El carácter irrepetible de esta artista ha con-dicionado que su legado diFícilmente pue-da subsistir de un modo convencional. Nosólo sus propias obras, sino también las quele Fueron dedicadas, se resisten a integrarsede Forma normal en el repertorio debido ala inevitable comparación que incitan con sus modélicas e irrepetibles interpretaciones preservadas por el disco. No de Formagratuita encomendó Berio a varias cantantes(no a una sola, como sólo sabía hacer Cathy)la interpretación de las Folk songs en el con-cierto que se celebró en su memoria en 1994 en La Scala. Aparte de en su discografía (y  videografía), el legado de Berberian se expresa de forma más plena a través de su Formade entender y vivir la música: “La música medio una identidad. La música me proporcionó una proFesión. Me proporcionó un gran amor también, y cuando éste acabó, llenó el vacío con alicientes para vivir como una per-sona plena, no como un apéndice. Me liberócomo mujer, y Forjó la independencia de mimente y mi espíritu”

TODOS LOS TEXTOS PARA AUDIO CLASICA8# 137), pertenecen a: Rafael Fernández de Larrinoa es titulado superior en Musicología. Actualmente ejerce de profesor deHistoria de la Música en la Escuela de Música Creativa y de profesor de Armonía y Composición en el  Conservatorio “Adolfo Salazar” de Madrid

domingo, 10 de febrero de 2019

7264 - Waldo de los Rios - 1965 - En Europa


Presentar un nuevo trabajo de Waldo de los Ríos nos exime del compromiso de explicar su significado, que es, en definitiva, la finalidad de estos comentarios de contratapa. Todos sabemos que hay que esperar de él una posición revolucionaria, un enfoque nuevo, una visión asombrosa de los alcances que puede tener nuestra músíca. Nadie ha olvidado su singular idioma orquestal, su rara forma de plasmar "lo argentino" en sonidos, su habilidad de alquimistapara hacer una realidad de la que hasta hace poco parecía una químera inalcanzable. Es que su secreto consistió en saber adaptar todo un esquema sinfónico, al servicio de una música con caracteres definidos y exclusivos, como es el folklore argentino, sin que éste pierda ni un ápice de su hálito popular y sin que el tratamiento sinfónico se vea menoscabado por la inclusión de células populares en su armazón. Pero este disco nos muestra Que se ha producido un viraje de 90 grados en la labor de Waldo de los Ríos. Después de diez largos años de copiosa obra orquestal (grupos de cuerdas, masas corales, orquesta sinfónico, conjuntos de percusión),puesto en evidencia a través de discos y películas, lo abandona todo para orientar su fuerza creadora hacia algo que él considera "la síntesis de su pensamiento musical". Un quinteto. Compuesto por piano, electone, vibráfono, batería y contrabajo, la sola formación de este conjunto es en sí una audacia sonora. Por ejemplo,
prescinde por primera vez de la guitarra, instrumento sin el cual parece no ser posible la interpretación de nuestro folklore. E incluye ,también por primera vez en la historia de nuestra música popular, la música electrónica y concreta como formas de expresión folklórico.En la continua búsqueda de nuevas estructuras, Waldo pasa de un politonalismo detonante al ejemplo de contrapunto clásico más riguroso, del calmo y regular ritmo de 6/8 de nuestra zamba al enloquecedor amalgama en 10/8, de la pura y límpida melodía al efecto de música electrónica más abstracto. Es fácil comprender que ha conseguido con este trabajo no sólo un impacto a los sentidos, sino también al intelecto.Music-Hall siente un auténtico orgullo al presentar a juicio del público argentino el último trabajo realizado por Waldo de los Ríos luego de cinco años de permanencia en Europa, donde fue grabado este long-play. Trabajo digno de la expectativa que nuestro joven compositor ha suscitado en estos largos años de ausencia, puede desorientar a quien no ha seguido de cerca la trayectoria de Waldo de los Ríos, pero una audición detenida y atenta bastará para comprobar que nos hallamos ante algo totalmente nuevo, con fuerza suficiente como para crear una auténtica huella que estamos seguros será transitado por muchos jóvenes músicos, dados los ilimitados posibilidades que ofrece."Los Waldos "está formado por cinco músicos argentinos radicados en Europa desde hace años: Roque Rubio en vibráfono, Roberto Stella en bateria, Alberto Carbia en contrabajo, César Gentili en electone y Waldo de los Ríos en piano.

WALDO DE LOS RIOS EN EUROPA
Waldo delos Rios y su quinteto "Los Waldos"
del repertorio HISPAVOX
Music-Hall 12.653

01. EL HACHA Y EL QUEBRACHO- sobre ritmo de chacarera
02. ZAMBA EN NUEVA YORK - Zamba
03. TERO TERO - sobre ritmo de chacarera
04. EL ALGARROBO QUE HABLABA CON LOS PAJAROS - Fantasía
05. METAMORFOSIS FOLKLORICA SOBRE UNA INVENCION A DOS VOCES DE JUAN SEBASTIAN BACH Arr.: W. de los Ríos
06. ASI NACIO EL CARNAVAL - sobre ritmo de chaya
07. DE DONDE VIENEN LAS GUITARRAS - Zamba
08. FUERA DE RITMO - Chacarera en 10 x 8
09. EL ULTIMO DE LOS MATACOS - Fantasía
10. TELURIA- Zamba

jueves, 15 de febrero de 2018

0932 - Schoenberg Obras Orquestales II - 1983 - Boulez Ensemble IC

SE ABRIRA EN VIENA UN CENTRO CON LA TOTALIDAD DEL LEGADO ARTISTICO DEL GENIAL COMPOSITOR

El gran museo de Schoenberg 

Sus obras, la biblioteca personal, pinturas y otros objetos, conforman su maravillosa herencia cultural. Una universidad de Los Angeles, ciudad donde Schoenberg murió en 1951, reclama este material. 


E1 próximo 15 de marzo se abrirá en el palacio Fanto de Viena el nuevo centro Arnold Schoenberg (1874-1951), que albergará la totalidad del le­gado del compositor austríaco. 
Forzado en 1933 a emigrar a los Estados Unidos debido a la represión cultural de­satada por el régimen nazi, el creador de la técnica dodecafónica murió en Los An­geles 18 años más tarde. 
Según una nota de la agencia EFE fir­mada por Joaquín Rábago, una variadísi­ma gama de documentos y objetos inte­gran el legado procedente de la Universi­dad del Sur de California (USC) en Los Angeles. Su valor se estima actualmente en unos sesenta millones de dólares, toda una paradoja para un músico que hizo de la austeridad económica un signo distinti­vo de su vida. 
La ciudad de Berlín, donde también re­sidió el músico, disputó sin éxito a Viena, ciudad natal del compositor y escenario de algunos de sus escandalosos estrenos, la tenencia de la maravillosa colección esta­dounidense. 
Finalmente fueron los herederos de Schoenberg, particularmente su hija Nu­ria Schoenberg-Nono, quienes decidieron que el legado sea depositado en Viena, lo que dio lugar a algunas críticas de la prensa estadounidense: el diario Los Angeles Times, por ejemplo, habló de ingratitud de la familia para con la ciudad que los acogió. 
“Si ello fuera como dice ese diario, (según el cual el legado de Schoenberg forma parte de la herencia cultural de los Estados Unidos), la ópera Moisés y Arón pertenecería a los españoles, porque mi padre la compuso en la ciudad de Barcelo­na. Pero creo que es todo lo contrario: la Universidad del Sur de California desa­provechó el material que en su momento le entregamos”, afirmó ayer Nuria Schoenberg-Nono en declaraciones al dia­rio Der Standard, de Viena.
Este comentario, sin embargo, no alcan­za a desmentir la inmediata inserción y acogida que el ilustre exilado tuvo en Esta­dos Unidos. Quedan en la memoria me­nuda los partidos de tenis que jugó con George Gershwin, sus clases gratuitas al compositor John Cage “a condición de que se dedicara exclusivamente a la música" y las propuestas que rechazó de Hollywood para musicalizar películas, a pesar de con­tar entre sus alumnos locales a varias figu­ras de la composición músical cinemato­gráfica. ! 
Nuria dice haberse decidido finalmente por Viena por tratarse de la ciudad natal de Schoenberg: "Mi padre proviene de una tradición judío-austríaca. Y creo que es muy importante para la joven genera­ción musical europea recuperar esa parte de su historia”. 
El caso de Nuria representa un extraño vínculo, más allá de lo artístico, entre el gran protagonista de la Escuela de Viena y el futuro de la creación musical europea. En efecto, la hija de Schoenberg es la ex esposa del gran compositor italiano Luigi Nono, uno de los máximos nombres de la escritura musical de la segunda mitad del siglo, en una era en que, por acción o reac­ción, la obra y las ideas del creador y pen­sador vienés conservan un peso determi­nante. 
“Schoenberg guardaba absolutamente todo: desde cualquier tipo de apuntes has­ta los billetes de los tranvías. Para mí, todo ese material es su auténtica patria, porque son cosas que siempre llevó consigo", afirmó su hija. Schoenberg fue no sólo un compositor genial y revolucionario -el dodecafonismo es uno de los descubrimientos capitales de la música del siglo XX y es paralelo al mo­vimiento abstracto en pintura de su amigo Vasily Kandinski-, sino que fue un gran coleccionista.
En su legado figuran manuscritos musi­cales de todas las épocas, desde sus co­mienzos hasta los de sus obras más famo­sas como la ópera Moisés y Arón, las Gurre-lieder, la obra coral Friede auf Erden (Paz en la Tierra) o la partitura de su im­presionante Un superviviente de Varsovia, compuesta en los Estados Unidos. 
Tambiétn se conservan programas de conciertos, recortes de periódicos, factu­ras, vestimentas, documentos sonoros con su voz y su inconfundible acento vienés; billetes y pasaportes de distintas épocas, certificados escolares y de vacunaciones, numerosas cartas, muebles, así como par­te de su fantástica obra pictórica, entre ellas el Autorretrato azul y los decorados de Erwartung. 
Dentro de las iniciativas destinadas a conservar su legado figura la reconstruc­ción completa y fiel de su cuarto de trabajo en su museo vienés. 
De su biblioteca cabe destacar la primera edición del libro El doctor Fausto, de Thomas Mann, con dedicatoria del autor, que se inspiró precisamente en el compositor para esa gran obra, así como la partitura de director de Gustav Mahler de la Novena de Beethoven, con anotaciones personales de aquél. 
El legado, que se guardaba desde 1973 en el Amold Schoenberg Institute, dé la Universidad del Sur de California, incluye también numerosos manuscritos de otros compositores como el de Um Mitternacht, de Mahler, o el Concierto de camara de Alban Berg. Las cenizas de Schoenberg, fallecido el 13 de julio de 1951 en Los Angeles, repo­san en una tumba dedicada a su memoria en el cementerio central de Viena.

El Nuevo Orden Musical

Antes de sus primeras composiciones en estilo atona! libre, como las Tres pie­zas para piano op. 11 o las Canciones sobre poemas de Stefan George, Schoenberg compuso obras tan signifi­cativas como el sexteto Noche transfi­gurada, los Gurre-lieder o el Cuarteto con soprano. Noche transfigurada, que está basada en un poema de Richard Dehmel, lleva el programa del poema sinfónico al formato de la música de cámara. Es sin duda una de sus obras más populares y aceptadas. 

El período atonal libre presenta una riqueza excepcional. Allí figuran sus Cinco piezas para orquesta op. 16, en la tercera de las cuales Schoenberg pone en práctica la idea de una melodía de timbres. La pieza consiste en un único acorde de cinco sonidos que va siendo relevado por distintos instrumentos. Si por melodía entendemos una línea que mantiene el mismo timbre y cambia las alturas, piensa el compositor, por qué no imaginar melodías en las que cambia el timbre y se mantiene la alta­ra. Esta sencilla idea es una revolución en la historia musical. 

El dodecafonismo, surgido en los años 20, pretendió establecer un orden y un principio universal dentro del uni­verso atonal. El uso rotativo y constante de la serie de doce sonidos garantiza teóricamente la no repetición y, por lo tanto, la pérdida de las jerarquías tradi­cionales entre los distintos sonidos de la escala. Es una especie de democratis­mo de los sonidos, si bien la sujeción constante a una misma serie tiene tam­bién un aspecto fuertemente compulsi­vo. Sus dos últimos cuartetos, el Trío para cuerdas, la extraordinaria ópera Moisés y Arón, entre muchas otras grandes obras, emplean esta técnica.

Un Archivo Cultural De La Humanidad
Bien mirado, no deja de ser curioso que el legado completo de Arnold Schoenberg haya permaneci­do en Los Angeles durante más de cuatro décadas sin que aparentemente Viena disputase su tenencia ya que ese legado constituye, sin exagerar, uno de los mayores símbolos o archivos culturales de que dispone la humanidad. 
Es cierto que Viena no valoró debidamente a Schoenberg en su momento, aunque esas cosas siempre ocurren. Eso no habla mal de Viena sino bien de Schoenberg; no describe necesariamente una supuesta pacatería vienesa sino el radicalismo del músico. 
Ese legado seguramente debe ser bastante exóti­co, ya que Schoenberg era un maniático de los ob­jetos y también un inventor: inventó, entre otras cosas, el "ajedrez de cien”, con 20 piezas de cada lado, y un instrumento de medición óptica bastan­te sofisticado. En los años 20 ya había inventado una revolucionaria técnica de composición, el dodecafonismo. No era como el ajedrez de cuarenta piezas. Schoenberg tenía plena conciencia de que ese invento tenía la forma, la necesidad y la lógica de un descubrimiento: “He ideado un sistema de composición que garantizará la supremacía de la música alemana por cien años”, dijo el músico a su discípulo Joseph Rufer en 1923. 
Era la construcción que sobrevenía a una gran demolición: la demolición del sistema tonal clási­co. En 1908 Schoenberg había compuesto las Tres piezas para piano op. 11, las primeras piezas escri­tas sin armadura dé clave, es decir, sin una tonali­dad específica. Schoenberg consiguió compensar toda la pérdida de referencias armónicas con la fuerte presencia de unos pocos motivos constante­mente variados. No se escuchan las cadencias ■ armónicas tradicionales, pero se escucha un traba­jo motívico de tipo beethoveniano. 
Esa música es calificada de atonal, aunque Schoenberg prefirió hablar de una tonalidad sus­pendida, de una emancipación de la disonancia, y argumentó que esa suspensión era un desarrollo lógico de la música. Aun cuando vivió en oposi­ción a todas las instituciones musicales de la épo­ca, Schoenberg no planteó las cosas en términos de oposición sino de una continuidad profunda, que se percibiría como tal en el futuro: "Las diso­nancias de hoy son las consonancias del mañana... Las disonancias son consonancias más distantes... Oponer consonancia y disonancia es tan estúpido como oponer el número 2 al número 10.” 
Pero nadie por entonces pensaba que esa músi­ca expresase alguna forma de continuidad, salvo sus discípulos Alban Berg y Anton Webem, 
En verdad la música de Schoenberg no está me­nos ligada al futuro que al pasado. Hoy es fácil apreciarlo. El dodecafonismo, que el autor calificó sintéticamente de "método de composición con doce sonidos, con la sola relación de uno con otro", es entre otras cosas una profunda reelaboración de las viejas formas de variación contrapuntística y de la tradición de la sonata. 
Ese método, aun sin ser usado en forma directa, modeló buena parte de la fisonomía musical del si­glo XX. Y especialmente la estadounidense. Aun- .que su legado vuelva a Viena, la presencia de Schoenberg nunca se borrará de los Estados Uni­dos. Al llegar a Nueva York Schoenberg pudo ha­ber dicho, como antes Freud a un compañero de barco en relación con el psicoanálisis: “Estoy trayendo la peste.”


Federico Monjeau
ESPECTACULOS • CLARIN • 

domingo, 5 de marzo de 2017

7047 - Martha Argerich - 1995 - Tchaikovsky Piano Concerto No. 1; The Nutcracker Suite

LA NACION
7 DE SEPTIEMBRE DE 1986
HUGO BECCACECE

UNA MUJER SOLA FRENTE AL TECLADO

Marta Argerich habla de sus-proyectos, de su vida como solista y de su regreso a la Argentina tras catorce años de ausencia


Para no convertirse “en una especie de máquina que recorre el mundo sentada frente a un teclado”, Marta Argerich, reconocida mundialmente como una de las grandes intérpretes del piano, se rebela contra una carrera que la obliga a vivir en soledad. En una entrevista exclusiva para la Revista LA NACION, se refiere a su amor por la música de cámara y al intento, que comparte con otros colegas, de cambiar el modo de encarar la actividad musical.

Quienes la ovacionaron en el Teatro Colón en el concierto que dio a beneficio del Cimae saben de la sutileza infinita de sus pianissimi, de la energía que vuelca en sus fortissimi y de la ternura conmovedora que extrae de cada frase musical.
Esa misma sutileza, ese mismo vigor, Marta Argerich los emplea para eludir entrevistas. Llegar hasta ella exige la misma constancia y el mismo empecinamiento del virtuoso que practica durante horas sus ejercicios técnicos en su instrumento antes de abordar el estudio de una obra.
Pero una vez que se superan -milagrosamente- todas las barreras, uno se encuentra ante un ser cautivante, de una belleza que no nace de la armonía de los rasgos sino de las expresiones de sus ojos y de su boca.
De cerca, charlando con ella, resulta tan adolescente, como lo parecía en el Colón, sentada frente al piano, mirando al director y apartándose de tanto en tanto, con una mano nerviosa, el pelo largo de muchacha de los años ’60.
Hace unos días, en el hall del Claridge Hotel, como una chica indecisa, dudaba entre cambiarse de ropa, tomar un café, hacer una llamada telefónica o atender a la prensa. Pero como una mujer madura fue cumpliendo uno por uno sus deseos y obligaciones. Tomó un café, ordenó un sandwich, llamó por teléfono, subió a su habitación a cambiarse de ropa y por último le abrió las puertas de su suite al periodismo con una mirada luminosa y animada.
-¿Qué es lo que más le gusta hacer? ¿Tocar el piano?
-No. Lo que más me gusta es caminar. Mientras camino, cuadras y cuadras, contemplo las ciudades o los paisajes, pienso y sueño. También me gusta leer. Leo lo que me cae en las manos. Y hablo enormemente.
-Tras catorce años de no venir a la Argentina, ¿qué Impresión tiene del país?
-Es cierto, hace catorce años que no pasaba por Buenos Aires. Pero esa vez, como ésta, se trataba tan sólo de una visita. En realidad, hace treinta que yo no vivo aquí. De modo que mis últimas impresiones y recuerdos datan de esa época. Yo tenía entonces quince años. Ahora, cuarenta y cinco. Conservo re-cuerdos de ese período. Y ayer y hoy, mientras andaba por las calles, las casas, los parques me traían a la memoria hechos que habían pasado entonces. Primero vivía por Coronel Díaz, cerca de Santa Fe. Hoy estuve paseando por allí, fui al Botánico y al Zoológico. Del Botánico, me acordaba.
Es un lugar que parece tan antiguo, tan hermoso... Después mi familia se mudó a Belgrano, y más tarde yo me fui a Europa, y ya no volví. Volví tan sólo para esas cortas estadas y dar unos conciertos. Actualmente vivo en Ginebra. Piense usted que es más cerca ir de allí al Japón que a Buenos Aires. En este último lapso de catorce años sucedieron muchas cosas en mi vida y en la Argentina que no hicieron posible ni grato que yo viniera aquí. La idea de regresar durante los años del gobierno militar no me era nada simpática.
-¿Por qué decidió volver ahora?
-Sentí que había en mi vida algo que faltaba, una carencia, y esa carencia tenía que ver con los años transcurridos en la Argentina, con lo que pasó en mi niñez y mi adolescencia en este país. Además ha habido, en estos últimos tiempos, un cambio de actitud en mi vida. La madurez me lleva a buscar un mayor acercamiento con la gente.
-¿Usted ha vuelto a recuperar el tiempo que vivió aquí?
-No, no vine a recuperar nada; porque no tuve oportunidad de perder nada en la Argentina. Me fui muy joven. Vine a conocer o a reconocer mis orígenes. Hoy mi familia vive dispersa por el mundo. Mi hermano en Mar del Plata; mi padre en Buenos Aires; mi madre en Europa; yo en Ginebra, y hasta mis hijas no viven todas conmigo. Tengo tres: Lida, de 22; Anne, de 15 y Stéphanie, que me acompaña en este viaje. Son hijas de distintos matrimonios. La mayor vive en China, en Pekín, con su padre, que es director de orquesta.
Estar de nuevo en la Argentina tras tantos años es algo muy emocionante, muy perturbador. He ido a visitar a mi hermano en Mar del Plata. El tiene 41 años y yo viví con él tan sólo siete. En los catorce años que falté de aquí, sólo recibí siete cartas de mi padre. Antes de encontrarme con ustedes, acababa de despedirme de él, quién sabe por cuánto tiempo.
-Pero, por otra parte, usted retornó al país como presidenta del Departamento de Arte y Ciencia de la fundación Cimae, a cuyo beneficio dio el concierto del Teatro Colón. Esa institución se va a encargar de establecer  puente entre los artistas y cientificos argentinos que se hallan fuera del país y desean volver a él para aportar su experiencia y los que partirían al extranjero para perfeccionar sus estudios.
-Es cierto. Y eso tiene que ver con mi  nueva actitud ante la vida. Deseo integrar todos los aspectos de mi personalidad y de mi existencia. Yo no puedo ni quiero ser una especie de máquina que recorre el mundo tocando el piano. Quiero ocuparme de otras cosas, y he empezado por esto que es una tarea cultural y social al mismo tiempo.
-¿Está contenta con su profesión?
-Amo la música, pero mi carrera no me interesa. Me pusieron en esta actividad desde que era una nena. No he parado de dar recitales como solista desde entonces. El pianista es el prototipo del solista: viaja solo y vive solo durante sus viajes. Ser un concertista no significa solamente sentarse ante el piano, tocar y ser aplaudido. Cuando viajo, estoy sola; cuando llega la hora de comer, estoy sola. Cuando llega la hora de dormir, también estoy sola. Si estoy haciendo una tournée por Japón es obvio que estoy lejos de mi familia, de la gente que quiero. Me tengo únicamente a mí misma. Mi profesión me hace hacer cosas que no quiero, ocuparme de cosas como mi cachet, la publicidad, las entrevistas. En realidad, los solistas, y me estoy refiriendo a los muy conocidos, a los famosos, somos meros empleados de las casas discográficas.
Los solistas no tenemos un sindicato, no estamos unidos por nada. Ahora ha surgido en Europa un grupo de artistas que se reúnen para discutir estos problemas, para tratar de hacer algo contra esta deshumanización de la carrera. Hay algunos organismos culturales, mecenas, o músicos célebres que organizan festivales exclusivamente para intérpretes: invitan a una hermosa casa a un grupo de jóvenes músicos y durante un mes viven juntos, se escuchan, discuten sus problemas y su manera de interpretar a un autor. Me gustaría que el Cimae sirviera para algo así.
-¿Le interesa más la música de cámara que el repertorio de solista?
-La música de cámara me encanta. Pero no se trata de que un repertorio sea más interesante que el otro. Se trata de que cuando uno hace música de cámara vive de otro modo. Un solista está solo en el escenario; en cambio, cuando uno integra un dúo, un trío, un cuarteto, tiene compañeros ante el público con quienes comparte una experiencia. Además, en Europa los artistas viajamos muchísimo. Vi-vimos en los aviones y en los hoteles. Entonces si uno integra un conjunto puede ir a conocer las ciudades desconocidas en compañía de sus compañeros, puede cambiar impresiones, hacer programas, comer juntos, divertirse y también amargarse juntos cuando las cosas no van bien.
-Hay solistas, sin embargo, que jamás tocarían música de cámara porque según ellos se rebajarían.
-Esos solistas pecan de orgullo, no aman suficientemente la música y probablemente tampoco a sus prójimos. Lo que yo busco en este momento es una mayor integración entre mi profesión y mi vida. Los seres humanos ya estamos suficientemente divididos y desgarrados por nuestras contradicciones. Ya hay una división entre lo que sentimos y lo que hacemos, entre lo que pensamos y lo que decimos, entre la sociedad y el individuo, entre la familia y cada uno de sus miembros. Y también hay una di-visión de la propia voluntad. De-seamos al mismo tiempo las cosas más opuestas. Somos tironeados por nuestras aspiraciones y por lo que nos impone la realidad. Conservamos afortunadamente muchos de nuestros aspectos infantiles. A veces me han preguntado durante este viaje si yo había venido a recuperar mi infancia o mi adolescencia. Jamás las perdí. Sigo en contacto con mi infancia y eso me permite interpretar el piano como lo hago.
Adoro a Horowitz precisamente porque es capaz de crear continuamente. Lo escuché tres veces interpretar la misma obra en tres conciertos, y cada vez era distinta. Es un hombre de 86 años, y jamás cede, jamás se entrega a la repetición.
-¿Cómo se concilia la preparación y el aspecto técnico un tanto rutinario, de una Interpretación, con esa dosis de frescura y de espontaneidad que usted le da a sus recitales?
-La preparación, el razonamiento, el estudio son imprescindibles, son la base de un artista, pero la espontaneidad tampoco debe faltar. A veces tocando una obra, uno se da cuenta de que quizá hay en esas notas un acento nuevo, que hasta entonces no había visto, no había ensayado. Entonces uno se arriesga y trata de revelar un aspecto distinto de una frase, de iluminar de otro modo un pasaje musical. Una obra no se agota jamás. Los que se agotan son los artistas si se entregan a una ejecución mecánica.
-¿Nunca se le ocurrió componer?
-Jamás.
¿Y dirigir una orquesta?
-Me ha interesado la dirección de orquesta pero no para transformarme en directora. Eso sí, he  tocado con orquestas que no tenían director, y me las he arreglado bastante bien. El piano es un instrumento que, en ese sentido, ayuda mucho al intérprete: se impone, es autoritario. Quizá por eso hay tanto pianista antimusical. En general, los pianistas somos los seres más antimusicales del mundo. No necesitamos saber respirar, no tenemos arco, nuestro cuerpo apenas si se comunica con la voz del instrumento. Podemos ser unos perfectos perros. No es preciso que tengamos buen oído porque el piano ya está afinado por otro; no necesitamos entonación. En suma, podemos ser máquinas. El piano mismo es un instrumento casi abstracto, hermafrodita, diría.
-¿Hermafrodlta? ¿Por qué?
-Porque es alto, bajo, grave y agudo. Es un híbrido.
-¿Piensa volver a la Argentina?
-Sí, por supuesto. Más a menudo y a pasar temporadas más largas. No podría radicarme aquí porque Buenos Aires está muy lejos del circuito de conciertos. Pero me gustaría mudarme de Ginebra.
-¿No le gusta?
-Es una ciudad aburridísima pero en la que me han pasado las cosas más importantes de mi vida. Cuando me fui de la Argentina, a los 15 años, viví sola por primera vez en Ginebra. Allí transcurrió parte de mi adolescencia y mi juventud. Después me fui a Italia, un año y medio, más tarde a los Estados Unidos. Y por último me instalé en Ginebra. Allí nacieron mis hijas. Ellas, por supuesto, no quieren irse de esa ciudad. Y yo, si bien la encuentro tan poco estimulante, estoy ligada a ella por muchos recuerdos, por muchos vínculos. En realidad, el lugar donde uno vive tiene relativa importancia. Lo que importa es la gente con la que uno está relacionada, la gente con la que uno hace cosas interesantes. Hoy sólo me importan las personas con las que puedo hacer algo. Ya no tengo tiempo que perder. He cumplido cuarenta y cinco años. Es una edad difícil. Hasta para vestirme. Me ocupo de la ropa por rachas. Cuando tengo ganas de vestirme bien, voy de compras y compro todo. Pero después puede pasar un largo período en que no me preocupo en absoluto de la moda ni de lo que llevo puesto. No me gusta armarme un “estilo”, crearme una apariencia determinada. A mi edad, las mujeres empiezan a vestirse de “señoras”. Algo que yo detesto. Pero las mujeres que no se visten de señoras a esta edad, a veces resultan ridiculas. Ese es tan sólo uno de los aspectos que muestra lo difícil de, este período. Uno es todavía joven, pero no puede desperdiciar ni un minuto. Tiene que aprovechar toda su experiencia y toda la energía que aún tiene para enriquecer y armonizar su vida. Y esa riqueza, esa armonía, son esenciales para el artista y para el ser humano.
(c) LA NACION
Un taller para pianistas

Los primeros días que Marta Argerich estuvo en Buenos Aires se alojó en casa de la señora Elien Rotenberg, vicepresidenta de la comisión directiva de la Fundación Cimae. Marta dijo que estaba interesada en encontrarse con jóvenes pianistas para hacer una especie de "taller de piano” que se realizaría en esa misma casa. Según sus deseos sería una reunión informal a la que asistirían no más desquince muchachos.
De la organización de ese acontecimiento se encargaron el doctor Abraham Finkelstein, médico fundador del Cimae y director del Departamento de Medicina de esa entidad, y María Rosa Oubiña de Castro, directora del Centro de Estudios Pianísticos.
Sucedió lo previsible, cada uno de los invitados hizo sus propias invitaciones y la tarde del “taller", unas 120 personas habían invadido el living de la señora de Rotenberg. Alrededor del piano se habían dispuesto en arco varias filas de sillas. Cuando Marta Argerich apareció y se encontró ante tanto público exclamó: “Pero yo no quería nada de esto. Aquí no va a haber ninguna intimidad”. Desconcertada, se alejó hacia la parte privada del departamento.
Persuadida por el señor Finkelstein la artista volvió a aparecer, pero esta vez pidió que le dieran informalidad a la reunión. Entonces los chicos ofrecieron sentarse en el suelo para que todo pareciera más improvisado Marta insistió en que eso no era suficientemente informal: esas sillas así dispuestas daban la impresión de que alguien iba a dictar una cátedra. Los chicos, entusiasmados respondieron: “Te desordenamos todo enseguida”. En dos segundos, el living quedó convertido en una pista de obstáculos. Los obstáculos eran las sillas.
A todo esto los fotógrafos apuntaban sus cámaras hacia Marta Argerich, lo que tornaba aún más público ese taller que iba, en principio, a ser íntimo. Con el fin de que no continuaran retratándola, Marta se puso de cara a una pared y de allí daba instrucciones a los chicos quienes pedían a los periodistas: “No le saquen más fotos, por favor, porque se enoja’’. Final-mente resignada a que su encuentro con un pequeño grupo se trasformara en una especie de acontecimiento social, Marta Argerich dejó de evitar las cámaras y, si bien no posó, permitió que los cronistas cumplieran su trabajo con toda tranquilidad.
Entonces comenzó la reunión. Marta, rodeada por sus jóvenes centuriones, se desplazó de un extremo al otro del living -ida y vuelta- contestando preguntas y escuchando alabanzas. También escuchó tocar a dos muchachos y aconsejó que los becaran. Así, “informalizado”, el taller duró desde las 17 hasta la 1 del día siguiente. La señora de Castro explicaba: “Con Martita, usted sabe, nunca se sabe... ”

domingo, 1 de febrero de 2015

3096 - 12 Cellist of the Berlin Philharmonic Orchestra - 1984 - The Beatles In Classic


01. Yellow Submarine
02. Let It Be
03. Something
04. The Fool On The Hill
05. Help
06. Yesterday
07. Michelle
08. A Hard Day's Night
09. Norwegian Wood
10. Here, There and Everywhere
11. Can't Buy Me Love
12. Hey Jude


lunes, 10 de marzo de 2014

0194 - Artur Rubinstein - 1997 - Artur Rubinstein plays Chopin



01 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 01. Walzer As-Dur, Op. 34 Nr. 1, Valse brillante
02 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 02. Scherzo b-Moll, Op. 31 Nr. 2
03 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 03. Polonaise A-Dur, Op. 40 Nr. 1, Militaire
04 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 04. Mazurka a-Moll, Op. 68 Nr. 2
05 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 05. Ballade g-Moll, Op. 23 Nr. 1
06 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 06. Mazurka H-Dur, Op. 7 Nr. 1
07 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 07. Nocturne Es-Dur, Op. 9 Nr. 2
08 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 08. Impromptu Cis-Dur, Op. 66 Nr. 4, Fantasie-Impromptu
09 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 09. Walzer e-Moll, Pp. posth
10 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 10. Sonate b-Moll, Op. 35 Nr. 2, Mit dem Trauermarsch - I. Grave-Doppio mov.
11 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 11. Sonate b-Moll, Op. 35 Nr. 2, Mit dem Trauermarsch - II. Scherzo
12 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 12. Sonate b-Moll, Op. 35 Nr. 2, Mit dem Trauermarsch - III. Marche funèbre
13 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 1 - 13. Sonate b-Moll, Op. 35 Nr. 2, Mit dem Trauermarsch - IV. Finale Presto

14 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 01. Waltz, Op. 64, No. 1, in D-Flat Major, Minute
15 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 02. Barcarolle, Op. 60, in F-Sharp Major
16 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 03. Mazurka, Op. 33, No. 2, in D Major
17 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 04. Nocturne, Op. 37, No. 1, in G Minor
18 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 05. Polonaise, Op. 53, in A-Flat Major, Heroique
19 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 06. Berceuse, Op. 57, in D-FLat Major
20 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 07. Concerto for Piano and Orchestra No. 2, Op.21, in F Minor, Part 1
21 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 08. Concerto for Piano and Orchestra No. 2, Op.21, in F Minor, Part 2
22 - Artur Rubinstein - 1997 - plays Chopin - CD 2 - 09. Concerto for Piano and Orchestra No. 2, Op.21, in F Minor, Part 3

domingo, 2 de marzo de 2014

0118 - Gregorian Chants - Songs Of The Beatles

A pedido de las amigas Liliana Rondina y Biofísica Física




Gregorian Chants (01 - Yesterday)
Gregorian Chants (02 - Hey Jjude)
Gregorian Chants (03 - Love Me Do)
Gregorian Chants (04 - Nowhere Man)
Gregorian Chants (05 - Girl)
Gregorian Chants (06 - Blackbird)
Gregorian Chants (08 - In My Life)
Gregorian Chants (07 - And I Love Her)
Gregorian Chants (09 - Michelle)
Gregorian Chants (10 - The Long And Winding Road)
Gregorian Chants (11 - The Fool On The Hill)
Gregorian Chants (12 - Across The Universe)



domingo, 1 de diciembre de 2013

0407 - Friedrich Nietzsche - 2002 - Nietzsche Seine Musik

En el año 2000 se conmemoró en todas las universidades del mundo el centenario de la muerte del filósofo Friedrich Nietzsche. La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, como líder que es de las humanidades en el país, organizó un homenaje conformado por diversas actividades. Entre éstas destacó el concierto que clausuró el coloquio "Cien años sin Nietzsche", del cual ha surgido el presente volumen, gracias a la colaboración mutua de la Coordinación de Difusión Cultural y la Facultad de Filosofía y Letras.


 01. Friedrich Nietzsche - Da Geht Ein Bach (1:58)
02. Friedrich Nietzsche - Herbstlich Sonnige Tage (2:24)
03. Friedrich Nietzsche - Heldenklage (2:05)
04. Friedrich Nietzsche - Aus Der Jugendzeit (2:47)
05. Friedrich Nietzsche - Monodie a Deux (4:59)
06. Friedrich Nietzsche - Beschworung (3:44)
07. Friedrich Nietzsche - Nachklang Einer Sylvesternacht (15:45)
08. Friedrich Nietzsche - Die Junge Fischerin (3:59)
09. Friedrich Nietzsche - Das Fragment an Sich (2:17)
10. Friedrich Nietzsche - Das Kind an die erloschene Kerze (2:39)
11. Friedrich Nietzsche - Einleitung (2:20)
12. Friedrich Nietzsche - Albumblatt (2:43)
13. Friedrich Nietzsche - Gebet an das Leben (2:19)
14. Friedrich Nietzsche - Im Mondschein auf der Puszta (1:23)
15. Friedrich Nietzsche - Wie sich Rebenranken Schwingen (1:09)
16. Friedrich Nietzsche - So lach doch mal (1:34)