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domingo, 9 de febrero de 2020
4937 - Luis Alberto Spinetta - 2005 - Pan
viernes, 25 de noviembre de 2016
8008 - Almendra - 1970 - Almendra II
ALMENDRA:
Luís Alberto Spinetta, Guitarra y Voz
Emilio Del Guercio, Bajo y voz
Edelmiro Molinari, Guitarra y voz
Rodolfo García, Batería y Voz
Discografía
Tema de Pototo (simple) (1968)
Hoy todo el cielo en la ciudad (simple) (1969)
Almendra (1969)
Tema de Pototo (simple) (1969)
Hermano perro (simple) (1970)
Almendra II (1970)
Muchacha (ojos de papel) (1970)
El valle interior (1980)
Almendra en Obras 1 (1980)
Almendra en Obras 2 (1980)
Almendra 68/70 (1999)
RCA Victor 100 años (2003)
Hoy todo el cielo en la ciudad (simple) (1969)
Almendra (1969)
Tema de Pototo (simple) (1969)
Hermano perro (simple) (1970)
Almendra II (1970)
Muchacha (ojos de papel) (1970)
El valle interior (1980)
Almendra en Obras 1 (1980)
Almendra en Obras 2 (1980)
Almendra 68/70 (1999)
RCA Victor 100 años (2003)
Almendra (1970) (Album Doble)
10. Almendra II CD 1 - Toma el tren hacia el sur (3:44)
11. Almendra II CD 1 - Jingle (1:28)
12. Almendra II CD 1 - No tengo idea (2:48)
13. Almendra II CD 1 - Camino dificil (2:29)
14. Almendra II CD 1 - Rutas argentinas (2:38)
15. Almendra II CD 1 - Vete de mi, cuervo negro (1:11)
16. Almendra II CD 1 - Aire de amor (2:59)
17. Almendra II CD 1 - Mestizo (2:27)
18. Almendra II CD 1 - Agnus dei (14:26)
19. Almendra II CD 1 - Para ir (3:57)
20. Almendra II CD 2 - Parvas (5:13)
21. Almendra II CD 2 - Cometa azul (4:24)
22. Almendra II CD 2 - Florecen los nardos (6:49)
23. Almendra II CD 2 - Carmen (3:04)
24. Almendra II CD 2 - Obertura (3:03)
25. Almendra II CD 2 - Amor de aire (2:37)
26. Almendra II CD 2 - Verde llanto (1:35)
27. Almendra II CD 2 - Leves instrucciones (1:31)
28. Almendra II CD 2 - Los elefantes (6:24)
29. Almendra II CD 2 - Un pajaro te sostiene (2:25)
30. Almendra II CD 2 - En las cupulas (4:40)
8007 - Pescado Rabioso - 1976 -.Lo Mejor de Pescado Rabioso
33. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Post-Crucifixión (3:46)
34. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Nena Boba (3:02)
35. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Blues De Cris (3:29)
36. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Como El Viento Voy A Ver (5:06)
37. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Despiertate Nena (3:16)
38. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Me Gusta Ese Tajo (2:25)
39. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Corto (1:40)
40. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Cementerio Club (4:55)
41. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Credulidad (3:00)
42. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Hola, Dulce Viento (2:38)
43. Pescado Rabioso - 1976 - Lo Mejor De Pescado Rabioso - Rock De La Selva Madre (7:39)
8006 - Pescado Rabioso - 1973 - Artaud
06. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Todas Las Hojas Son Del Viento (2:13)
07. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Cementerio Club (4:58)
08. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Por (1:41)
09. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Superchería (4:19)
10. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - La Sed Verdadera (3:32)
11. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Cantata de Puentes Amarillos (9:10)
12. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Bajan (3:26)
13. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - A Starosta, El Idiota (3:15)
14. Pescado Rabioso - 1973 - Artaud - Las Habladurías del Mundo (4:03)
8005 - Pescado Rabioso - 1973 - Pescado Rabioso 2
Disco 1 - Lado A - 001.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Panadero Ensoñado (0:38)
Disco 1 - Lado A - 002.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Iniciado Del Alba (3:12)
Disco 1 - Lado A - 003.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Poseído Del Alba (3:41)
Disco 1 - Lado A - 004.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Como El Viento Voy A Ver (5:11)
Disco 1 - Lado B - 001.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Viajero Naciendo (2:54)
Disco 1 - Lado B - 002.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Hola Dulce Viento (Mañana O Pasado)(2:42)
Disco 1 - Lado B - 003.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Nena Boba (3:06)
Disco 1 - Lado B - 004.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Rock De La Selva Madre (7:42)
Disco 1 - Lado B - 005.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Amame Peteribí (7:34)
Disco 2 - Lado A - 001.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - 16'' De Peteribí (0:18)
Disco 2 - Lado A - 002.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Señorita Zapada (1:35)
Disco 2 - Lado A - 003.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Credulidad (3:04)
Disco 2 - Lado A - 004.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - ¡Hola, Pequeño Ser! (9:39)
Disco 2 - Lado B - 001.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Mi Espíritu Se Fue (4:27)
Disco 2 - Lado B - 002.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Sombra De La Noche Negra (5:57)
Disco 2 - Lado B - 003.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - La Cereza Del Zar (1:46)
Disco 2 - Lado B - 004.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Corto (1:41)
Disco 2 - Lado B - 005.- Pescado Rabioso 2 - 1973 - Aguas Claras De Olimpos (Cristalida)(8:45)
8004 - Invisible - 1975 - Durazno Sangrando
13. Invisible - Durazno Sangrando - Encadenado Al Anima (15:35)
14. Invisible - Durazno Sangrando - Durazno Sangrando (3:41)
15. Invisible - Durazno Sangrando - Pleamar De Aguilas (4:22)
16. Invisible - Durazno Sangrando - En Una Lejana Playa Del Animus (9:57)
17. Invisible - Durazno Sangrando - Dios De Adolescencia (2:45)
miércoles, 3 de septiembre de 2014
4026 - Luis Alberto Spinetta - 1982 - Kamikaze
Seccion Libros - LIBRO 026:
Coleccion Prisma 20 - 4 X 4 = Rock
Album Que Acompaña Este Posteo
Luis Alberto Spinetta - 1982 - Kamikaze
Coleccion Prisma 20 - 4 X 4 = Rock
Album Que Acompaña Este Posteo
Luis Alberto Spinetta - 1982 - Kamikaze
COLECCION PRISMA 20 - 4 x 4 = Rock
AUTOR: (Entrevistador) Gabriel Senanes L'eirbag
EDITORIAL: Grupo Editor De Buenos Aires
EDICION: Primera Edicion Abril de 1980
FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA A LUIS ALBERTO SPINETTA. (Kamikaze aun no era album pero ya se interpretaba la cancíon en los recitales)
EL SENTIDO DE LUIS ALBERTO SPINETTA
Debo
confesar que, en cierta forma, temía este diálogo, debido a la impredecibilidad
(qué tal, eh?, quiere decir: no tener la menor idea de lo que puede pasar), que
arbitrariamente suponía en el Luis
Alberto Spinetta de entrecasa. Algo así como ir a pasar una noche al
zoológico con todas las puertas de las jaulas abiertas, rezando que. todos los
animales estén bien dormidos.
Pero
no sólo terminé vivo, sino que fue una experiencia muy grata. Alcancé a
deleitarme con la florida lucidez de su ideario libertario, vital, de paz; a
compartir sus entusiasmos y preocupaciones a medida que él hablaba, hasta a
tenerle confianza y todo. Habría que estar en el estrecho diámetro determinado
por el pellejo de LAS para sentirse
cabeza de una masa que elige sus ídolos sin consultarlos y con independencia de
toda otra opinión que no surja de la sincronización racional e irracional,
conciente e inconciente de miles de pensamientos. Un líder, concebido a imagen
y semejanza de anhelos cuya enumeración sería inabarcable. Es que, obviamente,
el fenómeno de El Flaco, protagonizado por este flaco fenómeno, alienta
repercusiones que exceden en mucho lo musical y la mera idoneidad autoral de
Spinetta. Simultáneamente se le pueden atribuir, con caprichosa arbitrariedad
las más contrapuestas cualidades, sin aportar una explicación (quizás
innecesaria) de esta suerte de seducción colectiva que LAS ejerce sobre la juventud rockera. Quizá el factor que
magnetiza la presencia de Spinetta,
que lo vuelve atractivo ante la masa, sea sólo un poco de esa sustancia
invisible e indefinible que impregna su figura. Nuestra charla se fue dando
libremente, por cauces naturales, en un tono reflexivo que fue ganando en
entusiasmo hasta desembocar en una Coda
festiva, al fundamentar él la reaparición
transitoria de Almendra.
La
proximidad del viaje de Spinetta a Estados Unidos para grabar un LP condicionó
los primeros pasajes (los de precaleníamiento) de nuestro diálogo. Más que
proximidad, el viaje era inminencia. Un par de días más tarde, LAS se tomaba el
buque aéreo a Nueva York.
LAS.-
Eso de que no me voy a ir más del país es, un poco, una cosa imaginaría. No
creo que pueda ser tan contundente. Uno no sabe lo que el destino le puede
obligar a hacer. Pero sí sé que no voy a poder alejarme definitivamente de acá
porque la raíz de lo que he hecho está acá, como mis seres queridos. O sea, mi
origen y el de los seres que más quiero.
—Tu
anclaje musical es aquí..,
LAS.-
Pienso que hoy día se puede trabajar en todo el mundo. Si tengo la suerte de
lograr ese nivel que tanto espero, creo que voy a poder moverme
internacionalmente y residir en la Argentina. Aparte, qué se yo, vos visitas
cualquier ciudad del mundo pero esta ciudad, por más que parezca una aldea al
lado de Nueva York, tiene un swing de locos.
—Uno
de los temas que me hizo reflexionar, entre los que tocaste en Jazz and Pop con
Rapoport, fue "Kamikaze", en particular lo que dijiste en la
explicación previa y en algunos pasajes de su letra.
LAS.-
Demasiada explicación para lo que dura el tema...
—Pero
ahí señalaste tu admiración y respeto por los que dieron ese particular
"sentido a su sangre"... ¿Por qué decís esto?, ¿sentís en vos una
necesidad semejante, que te lleva a este tipo de contemplación admirativa?
LAS.-
Lo que intenté sugerir a través de la letra de "Kamíkaze" es
justamente esa impresión de respeto que debe generar, en cada tipo con más o
menos dos dedos de frente, lo que fue un guerrero kamikaze. Es decir, por más
que estés en contra de ese método bélico, en contra de esos tipos que se
peleaban por ser los primeros en ir morir, puta. . . es una cosa que te mueve
el esqueleto, que es monstruosa. Tengo un libro, si querés te lo muestro, es
impresionante. En primer lugar cómo surge el guerrero kamikaze, cuáles son las
formas religiosas que lo inspiran; no es ninguna boludez. Los tipos se ganaban
el premio de ser dioses en la tierra, atención. Y así lo creían. A aquellos
guerreros que ofrecían su vida por la Patria, el emperador les dispensaba el
título de Dioses. Para una tradición totalmente distinta a ésta (occidental u
occidentalista), y tomándolo como una cosa que sucedió hace treinta años, es
algo que merece respeto de por sí. No estoy de acuerdo con la muerte de los
kamikaze. Después la letra lo dice: "...
quizá el kamikaze vio su propio sol naciente en ese momento pero luego en su
reino el kamikaze comprendía su error, morir así es en vano". Es decir, para la Gracia de un universo
superior al de los hombres, el kamikaze es nada más que un suicida, y como
suicida no merece un lugar en el Reino de los Cielos. Pero, ojo, que el
kamikaze es un noble que se permite a sí mismo la muerte y de una manera
terrible. No lo puedo comparar con nada. Eso y los bonzos que se queman vivos
con nafta en la calle, son cosas del mismo tenor; es decir, tipos que se matan
porque sí. .Ante todo, se quitan la vida, pero con un sentido y una altura que
en cierta forma dignifican la vida y la muerte. Porque esos tipos se sentían
tan pero tan orgullosos de morir de esa manera que convertían la muerte en una
victoria. Y creo que eso muy pocos lo podríamos conseguir. Saber que nos está
esperando un horario para salir a morir, pero no como soldados que tienen la posibilidad
de vencer. Esto era definitivamente salir a morir. Cuando se propuso la
creación del cuerpo de guerreros kamikaze, hubo un solo tipo que no quiso
volar, porque había quedado impedido en un vuelo anterior. Entonces, por honor
a su patria, se abstuvo de volar porque sabía que no iba a poder hacerlo bien.
Fíjate el carácter que tiene eso. A mí me da vuelta. Leía ese libro y me decía,
no puede ser, no es verdad... Y sin embargo, es una verdad contundentísima. Si
los americanos se hubiesen topado con kamikazes desde que empezó la guerra, no
hubiesen podido ganarla. En menos de un año destruyeron más barcos de los que
se destruyeron en todo el resto de la guerra, porque con un solo avión que se
hacía mierda contra la cubierta de un portaaviones, chau. Mientras que con las
bombas se podía errar. Espera ...
(Se
va y vuelve con el libro "Los kamikazes", de F. Castro.) (Francisco.)
LAS.-
(Leyendo.) ''Lógicamente, como sucede
siempre con el desarrollo y el final de los acontecimientos excepcionales de la
historia de la humanidad, también al terminar la Segunda Guerra Mundial debía
tenderse una red de críticas, elogios y opiniones en. torno a cada general y
jefe de Estado derrotado o victorioso, juicios y críticas muchas veces del todo
gratuitos dictados por la oportunidad del momento, por el deseo de desahogar
sentimientos reprimidos o por granjearse la simpatía de los vencedores. Pero
más frecuentemente todavía, críticas y acusaciones nacen en estos casos como
nos enseña milenios de historia, de la necesidad del vencedor de cubrir la
figura del vencido con una oscura sombra porque cuanto más torvo y cruel
aparezca éste, tanto más el vencedor podría justificar y encubrir sus
atrocidades.'' Con este preámbulo se abre una acusación del investigador
norteamericano Arthur Wilder contra los Estados Unidos, por el uso contra el
Japón de las bombas atómicas, uso que se intentó justificar en parte por la
aparición de ataques suicidas, prueba irrefutable de que el japonés era un
pueblo de irreductibles y peligrosos fanáticos (o sea que está en desacuerdo
con ese juicio). "Fanáticos", es el juicio más común que se alzó
contra los japoneses, especialmente contra los pilotos kamikaze y sus jefes,
desde el final del conflicto. (Porque, por añadidura, en Filipinas y todos los
últimos reductos de las islas que habían ocupado cuando los americanos las
reconquistaron muchos japoneses preferían matarse antes que entregarse. O sea
que eran suicidas también. Ojo... Y esos tipos que recién aparecieron, que estaban
ocultos. Treinta años después, no sabían que habían sido derrotados ... ¡Sí!
(Sigo.) "Se puede y se debe
ciertamente deplorar las misiones suicidas. Pero sin buscar la manera de
hacerlas aparecer como deshonrosas para quienes las idearon o llevaron a cabo
(y acá viene una frase final que es en la que me basé). He aquí la última
entrevista aparecida en el diario francés L´Aurore, mantenida con el Sr. . . .
otro ex piloto del cuerpo especial de ataque kamikaze: Debía partir para mi
misión kamikaze contra los buques americanos en Okinawa precisamente el 15 de
agosto de 1945. Mi
avión estaba preparado junto a los otros cuatro compañeros, cinco Zeros ya
cargados con sus bombas y dispuestos para su despegue sobre ¡a pista. Entonces
llegó el comandante de la base para advertirnos que la voz del Emperador
acababa de comunicar el cese de las hostilidades. El comandante no había sido
advertido, lo supimos después, de la decisión tomada días antes por el Consejo
imperial de aceptar la rendición incondicional y había ordenado aquella misión.
Nos comunicó la noticia llorando. Ahora bien, usted pensará que nos sentimos
felices de saber que escapábamos a la muerte a último momento. Hoy feliz lo
estoy. por supuesto, pero entonces mis compañeros y yo nos miramos consternados.
Fue para nosotros una triste jornada. Y concluyamos este libro con las palabras
de... uno de los hombres que mejor conoce los hechos relativos al Cuerpo
Especial de Ataque. Todas las críticas y discusiones acerca de la moralidad o
inmoralidad de las misiones kamikaze son insignificantes comparadas con los
sentimientos y la convicción de los pilotos kamikaze".
Este
libro trae unas historias que te volvés loco. Son hermosísimas. .. Mi posición,
ante todo es de respeto por ese apasionamiento. En los ejecutores, no fue una
cosa inspirada: a uno se le ocurrió mandar tipos a la muerte; pero lo
impresionante es que cuando se sugerió la idea de morir por la Patria de esa
manera, los tipos se pelearan por ir a morir. Eso es digno de respeto por más
que las guerras sean absurdas.. . Lo mío es, en parte, una posición de respeto.
Pero, en parte, también lo deplora en el sentido de que, finalmente, si se hace
una consideración superior, el kamikaze logró su meta humana, pero en el reino
de los dioses, al cual ellos mismos aludían para inspirarse en esa misión,
perdieron. Pienso que finalmente se inmolaban, pero en el sentido de la "destrucción
de la vida". Eran suicidas. Quizás un soldado tenga un lugar más honorable
en ese reino ilógico de los muertos en guerra. Porque el soldado tenía la misma
posibilidad de matar y de morir, mientras que a este tipo, un poder destructivo
lo mataba y chau.. . La idea era un poco más diabólica. De todas formas no
podemos hablar tanto de cosas que no nos pertenecen, porque el reino de los
Cielos no lo conocemos...
—O
lo conocemos muy de abajo. Si "dar un sentido a su sangre", en este
caso, es dar un sentido a su muerte. ..
LAS.-…..a una
forma especial...
—..
.¿qué es dar sentido a la vida? Porque alguien que vive todo el tiempo
construyendo, está dando un terrible sentido a la vida y a su sangre. Y quizás
un sentido más difícil. Morir puede ser un accidente o una circunstancia más o
menos elaborada, pero vivir también puede serlo.
LAS.-
Por suerte no soy japonés ni tengo el espíritu tan aguerrido como para pensar
que podría llegar a hacer eso en mi vida. Creo que hasta me resultaría difícil
entregar mi vida por la de mis hijos, a pesar de que sé que eso es de alguna
manera lo que me espera al haberlos creado. Pero lo que te quiero decir es que
estoy en contra de la muerte. Eso no quiere decir que los kamikaze no merezcan
una canción...
—Fenómeno.
LAS.-
Y ante todo, hubiese tratado de evitar que hubiese una guerra. si hubiese
tenido esa posibilidad. Pero si hubiese pertenecido a esa tradición, creo que
hubiese sido un kamikaze. Aunque dudo que hubiese tenido huevos. Ante todo no
me considero demasiado valiente en los términos en que la valentía supone una
actividad física. Soy capaz de ir a clavarle una estaca a Drácula en un castillo,
o de pelearme contra Satanás, pero soy incapaz de pelearme con un tipo a
trompadas en la calle. Quizá soy cobarde, no más si se habla en términos de una
predisposición física hacia la pelea. Pero eso no quiere decir que sea débil,
porque para pensar como pienso tengo que ser bastante valiente, creo. Tengo que
ser fuerte para bancarme lo que mi imaginación propone y para controlar mi
mundo. O sea, se necesita una valentía quizás más abstracta pero que en
definitiva y a la larga, involucra también un gran desgaste. Sé perfectamente que ahora mismo estoy luchando contra ciertas y
determinadas fuerzas que quizás ni conozco. Pero sé positivamente que estoy
entregado a esa lucha y por eso vivo.
No concibo la posibilidad de que
los hombres se maten ni por inmolación ni para beneficio de la guerra ni el
toma y daca ni jugando a los dados ni a la ruleta rusa ni en la calle ni en los
accidentes. .. La destrucción de la especie humana, si bien es inevitable, no
deja de ser deprimente. El hecho de que sea inevitable no evita que te pudras
cuando te enteras de que un amigo se murió o que lo aplastó un camión o que un
tipo puso una bomba en un banco lleno de gente o que otro hijo de puta se puso
a tirar y asesinó a unas criaturas. Mi posición frente a eso es de repugnancia;
no lo admito, no me entra en la cabeza. Si pudiera sacar una conclusión sería
la de pedirle a Dios que este mundo encuentre la forma de ser pacífico y de que
los hombres obren por el Bien y no a través del Mal.. .
02.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 02 - Ella tambien (4:08)
03.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 03 - Aguila de Trueno - Parte I (3:03)
04.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 04 - Aguila de Trueno - Parte II (1:26)
05.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 05 - Almendra (2:43)
06.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 06 - Barro tal vez (3:22)
07.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 07 - Basta de Pensar (2:46)
08.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 08 - La Aventura de la Abeja Reina (4:55)
09.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 09 - Y tu Amor es una Vieja Medalla (2:48)
10.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 10 - Quedandote o Yendote (3:32)
11.- Luis Alberto Spinetta - Kamikaze - 11 - Casas Marcadas (5:51)
4022 - Luis Alberto Spinetta - 2001 - Silver Sorgo
Seccion Libros - LIBRO 022:
"Las Mejores Entrevistas De Rolling Stone"
Iconos Del Rock Nacional 1967-2007
Album Que Acompaña Este Posteo
Luis Alberto Spinetta - 2001 - Silver Sorgo
"Las Mejores Entrevistas De Rolling Stone"
Iconos Del Rock Nacional 1967-2007
Album Que Acompaña Este Posteo
Luis Alberto Spinetta - 2001 - Silver Sorgo
"las cosas que no se
pueden creer, a los 51 años. la impunidad de una especie de
economía de guerra, padecida generación tras generación con el
agraviante (sic) de la lesión infligida al pueblo por la traición de
las dictaduras, o sea, como que el producto actual no es solamente eso,
básicamente es la insoportable continuidad... La lesión incurable de los
medios de salud, que sólo superviven gracias al genio del médico argentino y su
amor a la vida, porque lo demás... no va.”
“Los miedos, la perdida de la visión. El miedo
a ser torturada al toque por el Estado…”
–Esto lo hice el otro día, pero porque me ilusione.
-¿con que?
–Con que estaba escribiendo bien
Iconos Del Rock Nacional 1967-2007
Editorial: Publirevistas S.A.
Edicion: Primera Edicion Noviembre de 2006
NO QUIERE SABER NADA. DE NADA. No le importa nada. -No importa, no importa... ¡Es que no quiero
contarles nada! ¿Entendés que
no quiero contarles nada? No les quiero
vender nada, no me interesa. No les quiero dar nada de mí, ni hacerme el gracioso, ni darles ideas.
¡¡No!! Quince días antes
de este reportaje, se había reunido con los
jerarcas de su compañía de discos, ejecutivos de enjundia ansiosos por
promover Silver sorgo.
Y les había dejado algo claro: -Yo
no voy a hacer ninguna nota de nada.
COMO PRESUMIÓ QUE SU FRASE PODÍA HABER SONADO
CONFUSA O PASIBLE DE SER
malinterpretada, fue más específico:
-Yo no voy a hacer ninguna nota de nada.
Luego olvidaría eso.
Cuando se encontró con el editor de fotografía de
esta revista, dejó clara otra cosa:
-No me vas a sacar ninguna foto. Las fotos te las
voy a dar yo. Si no, no te doy ninguna nota. Y si te la doy, te la doy en exclusiva. (Luego olvidaría
también eso.)
No
hablar. No mostrarse. (Bueno, después se olvidará.) Desde que al Flaco se le
ocurrió deformarse, deformó toda paciencia humana en un radio de diez hectáreas.
Agotados,
desparramados, abrumados, doblados como pajaritas de papel, debimos entonces
darle la bienvenida al Gordo Spinetta.
Un
tipo desagradable.
-El Gordo, básicamente, tiene mucho poder. Es un
leguleyo que puede hacer matufias y ganar plata por coimas hasta cualquier
nivel de corrupción. Sus comidas son pentatlones de la alimentación... ¡El Gordo les hace juicio
sumario a todos los alimentos! Porque hay una
diferencia entre alimentarse y depredar la comida... Hay gente que es
asesina de canapés, diferente de la gente que tiene que comer para
no debilitarse... ¡Y el Gordo puede pagar gatos caros..! El Gordo es como
la represen-tación de todo lo que no soy y, por otro lado, la reubicación de lo
que yo tengo que ver con eso. Es el enemigo. Me puse en el mismo lugar del
enemigo. Ya no solamente debe tener un uniforme, el enemigo, ¿entendés?
Ese tipo está en el seno del poder, de la política, de la cultura de la Nación,
e interviene para su beneficio. Engorda porque está lleno de porquería. Y,
obviamente, el Gordo es un cachetazo a mi propia imagen, también. O por
ahí, tomé mucha cerveza y me puse así [se ríe].
"Y HAY QUE IMPEDIR QUE JUEGUES PARA EL ENEMIGO/
MADRE DE LA VIDA, POR FAVOR
ilumina a la gente/ Sube y vuela tu mirada hacia el
mar./ Y es que nada, nada cambiará mi amor/ y
hay que impedir que juegues para el enemigo." ("El enemigo",
Silver sorgo)
-LA GENTE QUE VA A LEER ESTO NO QUIERO QUE SEPA
DE MI.
-¿Cuál
es el problema?
-Yo no tengo ningún problema. ¿Por qué "no
quiero que sepan de mí?" [ingresando en paranoia
zone, Zona Paranoica, de aquí en más llamada simplemente pz.] Porque la gente quiere
saber tooodo de tooooodo. Por ahí las lesiones con respecto a inmiscuirse en
mi vida privada (cuando estuve de novio) me han afectado tanto que
ahora no tengo interés en que sepan absolutamente nada. No aporta. Ni a mí
ni a la gente. La gente me encantaría que escuchara buena música; no
necesariamente la que hago yo: buena música. Punto. ¿Entendés?
El
aire se mueve, un poco. La Vieja, asistente y columna estructural del Planeta
Spinetta, ha atravesado la habitación como un espectro, silencioso, discreto,
gentil. No es muy alto, ni muy joven. Tiene hombros de percha, el cuello
ancho y la sonrisa apenas dibujada, como quien chupa un carozo de
aceituna. Mientras desanda el trayecto, desaparece. Antes de saludar, ya se
fue.
-Ese hombre parece no pisar el suelo...
-Lo que pasa es que La Vieja estuvo en la academia
de Kung Fu y aprendió a caminar sobre papel de arroz. Le sale fenómeno. A lo
único que le escapó es al brasero con la marca del dragón. Les dijo: "No, el brasero no: yo te hago
mate". Y lo eximieron.
-¿Por qué te lo pasas dibujando autos?
-Por Fangio, porque el apogeo de la carrera de
Fangio fue en mi infancia y entonces
los Turismo Carretera largaban ahí en Figueroa Alcorta y daban la vuelta
por el Tiro Federal, o sea, a dos
cuadras de mi casa. Incluso estando dentro de mi casa escuchaba
pasar los autos en los entrenamientos... Y a la noche era una fiesta:
salía toda la gente a la calle a ver la carrera, como cuando pasan las
motos en Amarcord, de Fellini, y todo el pueblo las espera, de noche, con
fuego... ¿Viste Figueroa Alcorta y avenida Udaondo?
-La
cancha de River.
-Sí, por la puerta del club River Píate pasaba la
caravana de autos, a mucha velocidad, haciendo un ruido, un olor
inconcebible... Doblaban por Libertador hacia Olivos, y después agarraban la
ruta. Tengo noción de eso desde los 2, 3, 4 años... ¿Cómo no me iba a hacer fan? Aparte, siempre dibujé
autos, todo el tiempo.
-¿Tenes diseños propios?
-Sí. Pero soy tan burro que un día le mandé mis
dibujos a la Academia de Arte de San Francisco, que es de donde surgen los mejores diseñadores de
autos, y era un www y lo que mandé vino de vuelta,
¡porque lo mandé a un sitio y no a un e-mail!, ¿entendés? Soy un tarado.
-¿Y no lo intentaste de nuevo?
-Ya me dio fiaca... No lo considero tan importante;
nunca me dediqué bien-bien a eso. Permanentemente, mientras hablo por teléfono,
lo que sea, yo dibujo autos. Es como una manía; es una obsesión. Dibujo autos sport del futuro. El
automóvil es como ese
conocimiento transitorio...
-Sí, del transito.
-Sí, bueno, sí... Pero es transitorio porque es...
un mundo que se mueve. Cuando vos
conducís un automóvil es la alfombra mágica, de algún modo. Yo tuve
algunos buenos autos y sé
lo que es tener un auto hermoso. Pero básicamente los autos, para mí, son para mirar. Son objetos bellísimos.
Bellísimos. Y bueno, eso empezó con Fangio pasando a
dos cuadras de casa...
-¿Tu casa tenía jardín?
-No, no tenía jardín, nunca tuvo jardín. Tenía un
patio abierto, porque era tipo casa chorizo. Había una parra, y e/ toldo. Cuando el toldo se abría,
entraban Jos inseo tos. Yo de chiquito tenía muchos problemas con los
mamboretás. Y en mi casa apare' cían mamboretás así de grandes y yo estaba todo... [se agazapa enla
silla], y mis tíos y toda la familia se reunían alrededor del mamboretá, tipo:
mira, mira lo que hacen, mira esto, mira lo otro, porque era un espectáculo.
Pero para un niño era algo revulsivo que me llenaba de violencia y no sabía para dónde correr. Y sí el bicho
salía volando era un desparramo,
yo salía rajando. Se comen lo que sea, se comen a otros mamboretás, son voracísimos.
Aparecían muchos mamboretás en esa época; había otra fauna...
- Y también había babosas. Ahora no hay más babosas.
-[Se ríe.] Las cosas que hemos perdido.
Sigue riendo. En el lapso de un minuto, sentado,
realiza tantos movimientos corporales que sólo por milagro la estructura de la
silla no cede. (Haber nacido con varias vueltas de cordón umbilical al cuello, al parecer, deja sus
consecuencias.) El pelo, bastante largo, revuelto como si viniera de volar en ala delta sin
casco, se ahoga bajo un gorro de lana de colores
chillones, de la misma marca para infantes donde suele comprar ropa para
Vera (9). Los años no le pasan. Le suceden. A los 51, Luis
Alberto Spinetta es un adolescente hiperkinético, un chamán adulto,
repleto de testosterona, adrenalina y galaxias que deambulan ingrávidamente
dentro de su corteza craneal.
Ahí vuelve La Vieja, otro que deambula. Prepara
algunos bifes. Y una ensalada de tomate sin
condimentar.
-Básicamente, el ser de La Vieja está constituido en
un 70 por ciento de mate: eso lo acredita como Dios. La otra parte de su ser es Chester y
Coca-Cola; pensá que mi disco,
originariamente, se iba a llamar Chester de violencia. [Ríe.] Aníbal
[Barrios, La Vieja]
trabajaba en la empresa de sonido de Toro Martínez y Héctor Starc, y nos conocimos durante la vuelta de Almendra, en el 79. Y
como una vez, mientras él soldaba, yo le empecé a cebar mate, se enamoró de mí. Salimos como cinco
o seis años [larga
la carcajada]. Aníbal es básico para mí, en todo momento.
Le pone aceite a los tomates.
-¿Vos no te clavas medio?
-¿Perdón? -giro la cabeza. El que sonríe es Dante
(24), sentado a mi diestra. Está grabando en La Diosa Salvaje su opus solista, unfun\latino ensordecedor y
descalabrante.
-¿No
te clavarías medio? -repite, solícito.
Blande un bife con el tenedor.
-No -agradezco. (Culpa mía, no andar con martillo.)
02 - Luis Alberto Spinetta - 02. El Mar Es De Llanto
03 - Luis Alberto Spinetta - 03. Ni Hables
04 - Luis Alberto Spinetta - 04. Tonta Luz
05 - Luis Alberto Spinetta - 05. Adentro Tuyo
06 - Luis Alberto Spinetta - 06. Llama Y Veras
07 - Luis Alberto Spinetta - 07. Abrazame Inocentemente
08 - Luis Alberto Spinetta - 08. Esta Es La Sombra
09 - Luis Alberto Spinetta - 09. Mundo Disperso
10 - Luis Alberto Spinetta - 10. Cine De Atras
11 - Luis Alberto Spinetta - 11. La Verdad De Las Grullas
12 - Luis Alberto Spinetta - 12. Bahia Final
lunes, 1 de septiembre de 2014
4010 - Luis Alberto Spinetta - 2003 - Para los Arboles
Seccion Libros - LIBRO 010:
Luis Albertro Spinetta - "Grandes Chicos"
Album Que Acompaña Este Posteo
Luis Alberto Spinetta - 2003 - Para los Arboles
Luis Albertro Spinetta - "Grandes Chicos"
Album Que Acompaña Este Posteo
Luis Alberto Spinetta - 2003 - Para los Arboles
Aparece publicado en un proyecto de Juan Pablo Sorin
Llamado: GRANDES CHICOS
Sólo los pasos
por la selva violeta
de un niño descalzo
buscando ya lejos del mundo
una voz
que le hable su lengua
y le diga su tierra y su cielo
Sin estar perdido, sin estar distraído, aún sin haber descansado, este niño juega con la realidad de la selva plena de diversidad. Del sin asombro a La muerte repentina, no hay sino un corto paso aquí. Sin embargo, el lugar no podría ser más hermoso. El mar confluyendo hacia la hondonada de La jungla. Río salado y luego dulce de la montaña lejana. Mundos que convergen sin prisa, pero de manera eterna. / así de nuevo, con el oleaje de los días que no tienen respiro, ni parecieran tener finali¬dad alguna, la vida aquí construye al niño descalzo embebido en la constante del cielo y la tierra.
Su mirada no se detiene ante la tempestad o la mansedumbre. Los días son iguales cambiando interminablemente. El ser se dispone a saber, saber que se es la selva tanto como el agua o los juncos azulados que terminan casi dentro del pequeño arroyo. Hay un lugar de verdadera quietud donde la existencia carece de intelecto. Instintivamente las palmas de sus manos intentarán rastrear el viento y los latidos del horizonte de frondosos dibujos, y su movimiento es oración tanto como señal al universo. El propio conocimiento sabe el lugar y la arquitectura de la razón que éste imprime en el alma.
Siento cierta conmoción al pensar en esto. Lo veo a Oti Bel. el niño delfín de agua dulce guiado hacia su destino.
Ahora, las tenues luces del amanecer se han transformado ya en pleno día, dispuesto a consumir las almas de la tierra en su ciclo demencial. atendiendo a los desvanecimientos humanos como un preciso reloj que todo lo puede.
Para Oti Bei, cualquiera de las rutas que elija lo conducirá a su aldea. Y mañana volverá a internarse, como hoy. en la jungla, o caminará por la playa, o estará en el río o el arroyo, o en las dunas más allá de las altas rocas que hay en el extremo de la costa. De pronto, el cielo es de un azul muy intenso y lleno de luminosidad. Cruza un águila, Oti Bei la advierte de inmediato, parpadeando al oír el aleteo avisador. Mientras el dibujo de sus alas en triángulo perfecto la frenan apenas antes de retomar el vuelo, el águila dobla, y. abajo, punzante, el suelo aguarda un instante, casi sin latir. con la quietud que suele preceder al peligro. Oti Bei se detiene; inmediatamente sabe que está ante una enemiga mortal. Es una serpiente mamba negra muy venenosa que Lo amenaza con sibilancia aterradora. No es demasiado grande, pero sus oscuros dibujos indican claramente que se trata de una depredadora letal, y la ferocidad de su quejido es más que una advertencia para el niño.
Oti Bei se detiene y el pelo se le eriza. Está completamente electrificado. Sus pequeñas narinas se han abierto al máximo, como si quisiera oler la realidad misma. Es un instante crucial y sabe que ésta es una prueba de vida o muerte.
En el convencimiento de vivir en este paraíso, bajo este cielo azul tan inmenso, apenas surgido de la penumbrosa selva, y sólo por un segundo, resulta imposible reflejar la violencia de la escena, en la que nuestro niño enfrenta a la muerte y tras avisar, súbitamente, el águila ha desaparecido.
Algunas águilas temen acercarse a cazar estos reptiles. Ellas sólo avisan el lugar exacto, con sus alas abiertas que hacen de punta de flecha que señala el piso.
Los aborígenes de la aldea de Oti Bel no tienen miedo a ninguna criatura de la selva. ni siquiera les temen a las arañas más venenosas, pero sólo alguien muy experimentado puede saber que el águila avisará sabiamente.
El día, que recién ardía, ahora parece congelado. No se percibe brisa alguna, y las aves misteriosamente, se han silenciado.
De inmediato me imagino el miedo de los niños cuando la ciudad en la que viven es bombardeada día y noche. Veo un niño abandonado que se oculta de las bombas olvidándose del propio deseo de salvarse. Esto es desde una perspectiva totalmente lejana al drama que observo ahora en este Edén, y por supuesto, ambas situaciones suceden en el mismo planeta.
Si sorpresivamente la mamba atacara a Oti Bei desprevenido, la consecuencia de su tarascón sería la inmediata muerte, es decir, lo opuesto a lo que pasa en estos momentos por su mente. Éste y aquél son el mismo niño en esencia, como un niño de Chernobyl. u otro de un pueblo intoxicado de tecnología, o infectado de odio religioso. Siempre se ve. creo, como la representación del ser indefenso enfrentando a un terrible mal.
Así. en este momento inmóvil, los ojos de nuestro niño se compenetran en la serpiente, que grilla entre la vegetación como una lonja negra y plateada. La vara de Oti Bei. sabiamente, se alza y cambia de posición, y la serpiente se yergue. a su vez. chillando brevemente.
En el rostro del niño no hay mueca alguna. Su pensamiento, agudo sendero hacia todos los sitios, recorre rápidamente las imágenes de su aldea y la gente de la tribu, sus lugares favoritos, su cama de estera, sus pequeñas plumas. Acaso si fuera picado por la mamba dejaría de verlo todo para siempre. Las niñas y niños de la aldea, los paisajes, los pájaros, las orquídeas, el oleaje. Todo.
En el torbellino de estos pensamientos, Oti Bei ni siquiera pestañea. Su corazón late apresuradamente.
Tiene ante sí a un animal a la vez mortífero y sagrado, al cual la tribu respeta desde tiempos remotos. Entonces, los sabios de la población conocían el lenguaje para hablar con las serpientes y los demás animales de la selva. Oti Bei levanta aun más su vara. Su movimiento es tan lento que la serpiente, demasiado concentrada, no alcanza a percibirlo, y sólo enfoca con sus ojos sin descanso la punta del palo, punta negra curada desde hace tiempo por el mismo suelo. Por encima de su cabeza, Oti Bei siente una bandada de unas pequeñas aves que se animan a cruzar el lugar. Sin embargo, la tensión del momento es tan fuerte que impide la respiración.
Serpiente y niño se miran acechantes. La vara negra de Oti Bei se ha detenido ahora casi por encima de la cabeza de la mamba, pero como a un metro de ella. Es un instante interminable.
Rara vez un niño de su edad se encuentra solo ante una serpiente tan venenosa. De pronto, como un rayo, el reptil se precipita hacia adelante arqueándose con extrema ferocidad sobre la punta de la vara, pero Oti Bei, con un movimiento de látigo, ensarta la garganta de La mamba. Ha sido una asombrosa maniobra de espadachín, y la mamba, atragantada, comienza a chillar y muerde neuróticamente la dura madera, mojándola varias veces con su letal veneno.
El movimiento del palo ha sido tan exitoso que la serpiente, al retorcerse, más lo va tragando, a la vez, con los pequeños y violentos puntazos que Oti Bei aplica en el aire, increíblemente atento.
La mamba está alterada. Ha quedado en silencio y sólo la parte posterior de su cuerpo logra moverse, paralizada por la vara a la que ha tragado bastante. Pareciera que, bajo el sol abrasador y la relativa proximidad de los árboles, se ha recuperado parte del ruido, como si todo fuera a proseguir como siempre. Pero Oti Bei siente la sal de una gota de sudor de su cabeza renegrida que baja hasta la comisura de sus labios. Su miedo, ahora, balancea la habilidad casi mágica con la que acaba de detener a la serpiente.
Otra veloz bandada de pequeños loros cruza el aire gritando desde lo alto. Pero lo que ahora gritan es el alerta de muerte para la mamba negra y no el festejo por el espectáculo que ha brindado Oti Bei.
Irguiendo el trofeo con su vara, el niño delfín hablará largamente con la serpiente agonizante. Con el correr de las horas, y ya cerca de los bambúes que protegen a la aldea del viento, el niño despedirá con un melancólico canto a la mamba cautiva, que ya rendida, ha tragado más de la cruel madera, muriendo.
El niño llora por ella, ahora. También lo hace por la emoción de recordar el momento de terror vivido.
La aldea entera se ha acercado a ver la mamba inerme como un fino guante sobre la vara de Oti Bei. Con el correr de las semanas, comenzarán las deliberaciones de los sabios de la tribu. Consideran la captura de la serpiente como un milagro muy importante. Querrán escribir la historia a la manera de una nueva leyenda para su pueblo, para las futuras generaciones.
Su vara será objeto de constante observación y se le rendirá culto, tal como se les rinde a las canoas con las que los pescadores se animan a las aguas más allá de la rompiente.
La piel del reptil quedará guardada en la choza reservada junto a los innumerables hallazgos y objetos rituales de su tradición.
Oti Bei, el niño que se ha convertido en héroe mítico, cumplirá apenas nueve años.
Cuando sea mayor de edad, quizá sea jefe de su grupo y, por supuesto, de ahora en más será acompañado a sus paseos por la selva al menos por un joven guerrero, como un pequeño príncipe. El guerrero deberá recopilar cada suceso, para poder así relatar al regreso el curso de la caminata. El acompañante deberá, además, obedecerle y "aprender los pases mágicos" que Oti Bei realice con su vara, como cuando caza los peces que caen al arroyo, que ahora ya no será un lugar tan secreto.
Preciosas horas en la vida de un niño atravesando la diversidad de estos parajes, ahora resplandecientes desde aquí.
Vida ignorada. Magia oculta a los ojos del resto del mundo. Esfuerzo sin recompensa de una cultura en acción, como tantas otras.
El bosque perece levemente entre sus colores hacia la llegada de una profunda y lluviosa noche selvática. El bramido de las intensas ráfagas de agua desarma todos los complicados ruidos de la jungla en la quietud de época seca.
El mar, por otro lado, amenaza a veces con desatarse como un manto gigante sobre toda La floresta costera que protege la aldea y las pequeñas embarcaciones. Hay noches durante la temporada de lluvia en las que ésta para brevemente y los sonidos del bosque parecen volver a la vida y el espumoso oleaje genera una asombrosa fosforescencia.
En este lento espejismo sonoro, oigo con mi imaginación los relatos de Oti Bei, innumerables veces repetidos ante los oídos de los ancianos de la tribu.
La bruma de la selva y el río que llega de más allá y el salitre que aqueja la corteza de los árboles costeros, ya han descendido sobre la aldea.
Alguna tempestad lejana desprende rayos que caen al horizonte tímidamente, apenas un instante, dibujando las espesas nubes. La hojarasca húmeda se ha detenido, y algunos gritos y chillidos aseguran la persistencia de los hombres y los animales. El fuego de la aldea y el estrellar de tas olas contra la breve playa son de un mismo resplandor nocturno.
Oti Bei duerme. Su oscuro cuerpo se recorta patentemente contra la estera clara que es su lecho. Mañana retomará la aventura, descubrirá un nuevo secreto.
Sólo los pasos
por la selva violeta
de un niño descalzo
buscando ya lejos del mundo
una voz
que le hable su lengua
y le diga su tierra y su cielo
Su mirada no se detiene ante la tempestad o la mansedumbre. Los días son iguales cambiando interminablemente. El ser se dispone a saber, saber que se es la selva tanto como el agua o los juncos azulados que terminan casi dentro del pequeño arroyo. Hay un lugar de verdadera quietud donde la existencia carece de intelecto. Instintivamente las palmas de sus manos intentarán rastrear el viento y los latidos del horizonte de frondosos dibujos, y su movimiento es oración tanto como señal al universo. El propio conocimiento sabe el lugar y la arquitectura de la razón que éste imprime en el alma.
Siento cierta conmoción al pensar en esto. Lo veo a Oti Bel. el niño delfín de agua dulce guiado hacia su destino.
Ahora, las tenues luces del amanecer se han transformado ya en pleno día, dispuesto a consumir las almas de la tierra en su ciclo demencial. atendiendo a los desvanecimientos humanos como un preciso reloj que todo lo puede.
Para Oti Bei, cualquiera de las rutas que elija lo conducirá a su aldea. Y mañana volverá a internarse, como hoy. en la jungla, o caminará por la playa, o estará en el río o el arroyo, o en las dunas más allá de las altas rocas que hay en el extremo de la costa. De pronto, el cielo es de un azul muy intenso y lleno de luminosidad. Cruza un águila, Oti Bei la advierte de inmediato, parpadeando al oír el aleteo avisador. Mientras el dibujo de sus alas en triángulo perfecto la frenan apenas antes de retomar el vuelo, el águila dobla, y. abajo, punzante, el suelo aguarda un instante, casi sin latir. con la quietud que suele preceder al peligro. Oti Bei se detiene; inmediatamente sabe que está ante una enemiga mortal. Es una serpiente mamba negra muy venenosa que Lo amenaza con sibilancia aterradora. No es demasiado grande, pero sus oscuros dibujos indican claramente que se trata de una depredadora letal, y la ferocidad de su quejido es más que una advertencia para el niño.
Oti Bei se detiene y el pelo se le eriza. Está completamente electrificado. Sus pequeñas narinas se han abierto al máximo, como si quisiera oler la realidad misma. Es un instante crucial y sabe que ésta es una prueba de vida o muerte.
En el convencimiento de vivir en este paraíso, bajo este cielo azul tan inmenso, apenas surgido de la penumbrosa selva, y sólo por un segundo, resulta imposible reflejar la violencia de la escena, en la que nuestro niño enfrenta a la muerte y tras avisar, súbitamente, el águila ha desaparecido.
Algunas águilas temen acercarse a cazar estos reptiles. Ellas sólo avisan el lugar exacto, con sus alas abiertas que hacen de punta de flecha que señala el piso.
Los aborígenes de la aldea de Oti Bel no tienen miedo a ninguna criatura de la selva. ni siquiera les temen a las arañas más venenosas, pero sólo alguien muy experimentado puede saber que el águila avisará sabiamente.
El día, que recién ardía, ahora parece congelado. No se percibe brisa alguna, y las aves misteriosamente, se han silenciado.
De inmediato me imagino el miedo de los niños cuando la ciudad en la que viven es bombardeada día y noche. Veo un niño abandonado que se oculta de las bombas olvidándose del propio deseo de salvarse. Esto es desde una perspectiva totalmente lejana al drama que observo ahora en este Edén, y por supuesto, ambas situaciones suceden en el mismo planeta.
Si sorpresivamente la mamba atacara a Oti Bei desprevenido, la consecuencia de su tarascón sería la inmediata muerte, es decir, lo opuesto a lo que pasa en estos momentos por su mente. Éste y aquél son el mismo niño en esencia, como un niño de Chernobyl. u otro de un pueblo intoxicado de tecnología, o infectado de odio religioso. Siempre se ve. creo, como la representación del ser indefenso enfrentando a un terrible mal.
Así. en este momento inmóvil, los ojos de nuestro niño se compenetran en la serpiente, que grilla entre la vegetación como una lonja negra y plateada. La vara de Oti Bei. sabiamente, se alza y cambia de posición, y la serpiente se yergue. a su vez. chillando brevemente.
En el rostro del niño no hay mueca alguna. Su pensamiento, agudo sendero hacia todos los sitios, recorre rápidamente las imágenes de su aldea y la gente de la tribu, sus lugares favoritos, su cama de estera, sus pequeñas plumas. Acaso si fuera picado por la mamba dejaría de verlo todo para siempre. Las niñas y niños de la aldea, los paisajes, los pájaros, las orquídeas, el oleaje. Todo.
En el torbellino de estos pensamientos, Oti Bei ni siquiera pestañea. Su corazón late apresuradamente.
Tiene ante sí a un animal a la vez mortífero y sagrado, al cual la tribu respeta desde tiempos remotos. Entonces, los sabios de la población conocían el lenguaje para hablar con las serpientes y los demás animales de la selva. Oti Bei levanta aun más su vara. Su movimiento es tan lento que la serpiente, demasiado concentrada, no alcanza a percibirlo, y sólo enfoca con sus ojos sin descanso la punta del palo, punta negra curada desde hace tiempo por el mismo suelo. Por encima de su cabeza, Oti Bei siente una bandada de unas pequeñas aves que se animan a cruzar el lugar. Sin embargo, la tensión del momento es tan fuerte que impide la respiración.
Serpiente y niño se miran acechantes. La vara negra de Oti Bei se ha detenido ahora casi por encima de la cabeza de la mamba, pero como a un metro de ella. Es un instante interminable.
Rara vez un niño de su edad se encuentra solo ante una serpiente tan venenosa. De pronto, como un rayo, el reptil se precipita hacia adelante arqueándose con extrema ferocidad sobre la punta de la vara, pero Oti Bei, con un movimiento de látigo, ensarta la garganta de La mamba. Ha sido una asombrosa maniobra de espadachín, y la mamba, atragantada, comienza a chillar y muerde neuróticamente la dura madera, mojándola varias veces con su letal veneno.
El movimiento del palo ha sido tan exitoso que la serpiente, al retorcerse, más lo va tragando, a la vez, con los pequeños y violentos puntazos que Oti Bei aplica en el aire, increíblemente atento.
La mamba está alterada. Ha quedado en silencio y sólo la parte posterior de su cuerpo logra moverse, paralizada por la vara a la que ha tragado bastante. Pareciera que, bajo el sol abrasador y la relativa proximidad de los árboles, se ha recuperado parte del ruido, como si todo fuera a proseguir como siempre. Pero Oti Bei siente la sal de una gota de sudor de su cabeza renegrida que baja hasta la comisura de sus labios. Su miedo, ahora, balancea la habilidad casi mágica con la que acaba de detener a la serpiente.
Otra veloz bandada de pequeños loros cruza el aire gritando desde lo alto. Pero lo que ahora gritan es el alerta de muerte para la mamba negra y no el festejo por el espectáculo que ha brindado Oti Bei.
Irguiendo el trofeo con su vara, el niño delfín hablará largamente con la serpiente agonizante. Con el correr de las horas, y ya cerca de los bambúes que protegen a la aldea del viento, el niño despedirá con un melancólico canto a la mamba cautiva, que ya rendida, ha tragado más de la cruel madera, muriendo.
El niño llora por ella, ahora. También lo hace por la emoción de recordar el momento de terror vivido.
La aldea entera se ha acercado a ver la mamba inerme como un fino guante sobre la vara de Oti Bei. Con el correr de las semanas, comenzarán las deliberaciones de los sabios de la tribu. Consideran la captura de la serpiente como un milagro muy importante. Querrán escribir la historia a la manera de una nueva leyenda para su pueblo, para las futuras generaciones.
Su vara será objeto de constante observación y se le rendirá culto, tal como se les rinde a las canoas con las que los pescadores se animan a las aguas más allá de la rompiente.
La piel del reptil quedará guardada en la choza reservada junto a los innumerables hallazgos y objetos rituales de su tradición.
Oti Bei, el niño que se ha convertido en héroe mítico, cumplirá apenas nueve años.
Cuando sea mayor de edad, quizá sea jefe de su grupo y, por supuesto, de ahora en más será acompañado a sus paseos por la selva al menos por un joven guerrero, como un pequeño príncipe. El guerrero deberá recopilar cada suceso, para poder así relatar al regreso el curso de la caminata. El acompañante deberá, además, obedecerle y "aprender los pases mágicos" que Oti Bei realice con su vara, como cuando caza los peces que caen al arroyo, que ahora ya no será un lugar tan secreto.
Preciosas horas en la vida de un niño atravesando la diversidad de estos parajes, ahora resplandecientes desde aquí.
Vida ignorada. Magia oculta a los ojos del resto del mundo. Esfuerzo sin recompensa de una cultura en acción, como tantas otras.
El bosque perece levemente entre sus colores hacia la llegada de una profunda y lluviosa noche selvática. El bramido de las intensas ráfagas de agua desarma todos los complicados ruidos de la jungla en la quietud de época seca.
El mar, por otro lado, amenaza a veces con desatarse como un manto gigante sobre toda La floresta costera que protege la aldea y las pequeñas embarcaciones. Hay noches durante la temporada de lluvia en las que ésta para brevemente y los sonidos del bosque parecen volver a la vida y el espumoso oleaje genera una asombrosa fosforescencia.
En este lento espejismo sonoro, oigo con mi imaginación los relatos de Oti Bei, innumerables veces repetidos ante los oídos de los ancianos de la tribu.
La bruma de la selva y el río que llega de más allá y el salitre que aqueja la corteza de los árboles costeros, ya han descendido sobre la aldea.
Alguna tempestad lejana desprende rayos que caen al horizonte tímidamente, apenas un instante, dibujando las espesas nubes. La hojarasca húmeda se ha detenido, y algunos gritos y chillidos aseguran la persistencia de los hombres y los animales. El fuego de la aldea y el estrellar de tas olas contra la breve playa son de un mismo resplandor nocturno.
Oti Bei duerme. Su oscuro cuerpo se recorta patentemente contra la estera clara que es su lecho. Mañana retomará la aventura, descubrirá un nuevo secreto.
Sólo los pasos
por la selva violeta
de un niño descalzo
buscando ya lejos del mundo
una voz
que le hable su lengua
y le diga su tierra y su cielo
por la selva violeta
de un niño descalzo
buscando ya lejos del mundo
una voz
que le hable su lengua
y le diga su tierra y su cielo
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