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domingo, 4 de febrero de 2018

0761 - Ara Tokatlian & Enrique Villegas - 1976 - Ilusion & In Memorian

Ara Tokatlian


‘Yo no soy un monstruo'

Fue compañero de Gustavo Santaolalla en Arco Iris, banda fundacional del rock argentino, hasta que se separaron por diferencia de disciplinas

Arco Iris tiene 27 años de historia como grupo y como comunidad. Y en el medio de esos años, una pelea antològica con Gustavo Santáolaila. El dice que ustedes, Dana y vos, lo persiguieron cuando decidió abrirse del proyecto. Me gustaría conocer tu versión, 
No sé por qué se le dio un carácter dramático a este tema. Cuando Arco Iris empezó, todos estuvimos de acuerdo con el planteo. Tanto con la disciplina como con las reglas. Por eso se burlaron de no­sotros. Y él estuvo seis años en el grupo.
Pero después, ¿ustedes lo persiguieron? 
Eso es simple paranoia de quien lo dice. Jamás perseguimos a nadie. Lo único que hicimos fue tratar de recomponer una re­lación. Pero si él cree que lo perseguimos, puede que para él sea así, Yo creo en los platos voladores pero conozco gente que dice haber vivido encuentros con extrate­rrestres y esos encuentros sólo ocurrieron en sus mentes.
En su historia musical, Arco Iris cuenta con temas fundacionales del rock nacional como Blues de Dana y Mañanas campes­tres. Después, Ara y Dana Tokatlian se fueron a vivir a los Estados Unidos. Y allí su estilo se encaminó a la fusión, cosa.que ya había insinuado en sus primeros años. Peace Pipes, In Memoriam y Peace will save the rainbow, sus últimos discos, muestran lo que Ara llama la búsqueda del folk. Ahí se conjuga el jazz, la música andina, el rock y la música clásica. La ban­da toca en universidades, teatros y festivales de la costa este y, una vez por año, re­gresa a la Argentina para mostrar su mate­rial. Eso fue lo que hizo el viernes pasado en el Centro Cultural San Martín y lo que repetirá este viernes.
Ara cuenta que, en los primeros tiem­pos, "se burlaban de nosotros. Nos llama­ban las amas de casa del rock porque lim­piábamos nuestro hogar. En esa época, un grupo de rock que vivía en comunidad y que tenía como guía a una mujer era visto como raro. Hoy nadie se asombra de los seguidores del Sai Baba. Eramos súper de­mocráticos. Por supuesto, si alguien no cumplía con sus tareas, el orden se venía abajo. Entonces, se lo sentaba y se le pre­guntaba qué le estaba pasando. A mí me cuestionaron varias veces. Esto no es raro. En tal caso es inusual”.
Antes hablabas de una disciplina. 
Todos tienen una disciplina. Sólo que la mía puede ser distinta. es ¿Cuál es la tuya?
0 No como carne, rezo todas las noches, medito. Creo en la ecología, creo en la reencarnación, no uso malas palabras. Me levanto muy temprano, tengo conciencia de qué hacer con mi energía sexual. Nosotros aceptamos a cualquiera que se nos quiera unir y también la decisión de los que se quieren ir. No somos nazis' ¿No tienen nada que criticarse?
Cometimos errores. Cuando comenza­mos teníamos 18 años. Si pudiera volver al pasado, seguro que viviría algunas cosas de otra manera. Sería más paciente. Me hubiera callado algunas cosas, hubiese di­cho otras.
¿Por qué tan estrictos a los 18 años? 
Por qué estrictos? ¿Qué es ser estricto? ¿Vos matarías a alguien? ¿Por qué sos tan estricto? Matate a uno o a dos. 
La pregunta era cómo se puede ser tan estricto a una edad en la que es difícil cum­plir con las premisas.
Es que nosotros estábamos en una bús­queda. Habíamos dejado de ir a la iglesia y no nos interesaba la política, lo social, la escuela. Y un día encontramos a la perso­na que nos dio las respuestas, Dana.
¿Qué hacen con un músico de la banda que no comulga con su estilo de vida?
Es el caso de muchos músicos que to­can con nosotros como Chester Thomp­son, Alex Acuña, Billy Childs. Yo no soy un monstruo.
Vos decías que tuviste que aceptar tus ac­tividades incorrectas. ¿Dana también?
No. No se le habla a Dana de igual a igual. Como ningún discípulo le habla a ningún maestro de igual a igual. Ella tiene faltas. Se puede equivocar, se puede poner nerviosa. Pero por amor, por todo lo que ella nos dio, la respetamos. Como un hijo respeta a su madre.

Clarin-Espectaculos
Jueves 10 de Abril de 1997
Javier Rombouts


domingo, 5 de marzo de 2017

7043 - Enrique Mono Villegas - 1996 - Antología


TIEMPO ARGENTINO
Sábado 12 de julio de 1986
Ricardo García Oliveri


Murió ayer el pianista Enrique Mono Villegas

El mejor exponente del jazz en el país y un humorista nato desaparece a los 72 años.


El pianista de jazz Enrique Mono Villegas, considerado com uno de los músicos más importantes de ese género musical en la Argentina, falleció la noche del jueves, víctima de un ataque cardíaco. Sorprendido por la muerte cuando había concurrido a visitar a su médico en com-pañía de su secretaria Selma Henry, la noticia de su deceso recién tomó estado público en las primeras horas de ayer.

El Mono, apodado así por sus facciones físicas y un humor considerado simiesco nació en Buenos Aires el 3 de agosto de 1913, en Charcas y Agüero, en el Barrio Norte. Viajero incansable, humorista cáustico y por sobre todo, un pianista de gran talento, dueño de un eterno aplauso admirativo. Desde muy joven estudió en el Conservatorio Williams, de la calle Suipacha. En 1932 estrenó “Concierto para piano y orquesta’ ’, de Ravel, en el Teatro Odeón de Buenos Aires. En 1934 estrenó la versión original de “Rhapsody in Blue”, de Gershwin en el Consejo Nacional de Mujeres. En 1941 estrena su composición “Jazzeta, primer movimiento”, con Carlos García como solista. Al año siguiente dirige el “Concierto ideal de jazz”, en Radio Belgrano, estrenando su tema “Salto de las 3”, y en 1943 forma el Sexteto Santa Anita en La Cigale con Juan Salazar en trompeta, el Chino Ibarra en saxo tenor, Pancho Cao en clarinete, Tito Kreig en contrabajo y Adolfo Castro en batería.

En 1944 forma el combo Los Punteros con el Bebe Eguía en saxo tenor, Jaime Rodríguez Anido en guitarra, el Nene Nicolini en contrabajo y el Pibe Poggi en batería. En 1949 ingresa como pianista el dúo Martínez- Ledesma en reemplazo de Horacio Salgán, donde aprendió a tocar música criolla. En 1950 ofrece un recital en el Teatro Odeón donde interpretó obras de Brahms, Ravel y Bartok. En 1953 escribe la música para “Un tranvía llamado deseo”, para el Teatro Casino (compa-ñía de Mecha Ortiz). Tiempo después graba para el sello discográfico Mush-Hall con los hermanos Abalos y gana la copa Mundo Radial, fundando el Bop Club de Buenos Aires. En 1955 graba en la Columbia Records de Estados Unidos junto a MiltHinter y Cozy Colé la serie “Columbia CollectorsItem”, donde editó “Very, very Villegas”. En 1958 participó en el Festival Ca- sals en la Universidad de Puerto Rico, donde asistieron entre otros Isaac Stern, Victoria De Los Angeles y Pablo Casals.

El Mono Villegas tuvo épocas de esplendor, como cuando vivía en Tucumán 672, donde compartió innumerables veladas junto a sus grandes amigos como Alexander Borovsky, Friederich Gulda, Agustín Lara, Pérez Prado y Armando Manzanero. A su retomo de Estados Unidos, en 1971, toca en el Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires, instrumentado por Ferde Grofé, autor de “El gran Cañón del Colorado’ ’ acompañado por la Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por el maestro Pedro Ignacio Calderón. En 1972 ofrece una serie de conciertos en los ciclos organizados por Segba y en 1974 toca en el estadio de Vélez Sarsfield ante 30.000 espectadores, lo que le significó una de las ovaciones más recordadas. En 1982 se presentó en el Teatro Municipal General San Martín, junto a Oscar Alem y Osvaldo López.

Entre sus últimas actuaciones en público quedará grabado en la memoria de todos los amantes del jazz, el homenaje que le brindó el Centro Cultural General San Martín hace poco menos de dos años. A la pregunta que se le formuló sobre el significado de dicho homenaje, el Mono, respondió que sólo se hacen homenajes cuando la gente se muere.

Levantemos un pañuelo para darle el adiós

Haciendo caricias perversas a las necrológicas estúpidas y uno, que también tiene su pequeña historia, pastoras en la memoria y chupa los clavos de la melancolía.

En el calor infatigable de la adolescencia Villegas se le apareció como un rayo imponente y sarcástico hace como 25 años en algo así como un café concert de la calle Viamonte al 1000 y pico.

Tanto amaba Villegas el piano como amaba la palabra y cada vez que sus dedos apuntaban a las teclas tiraba frases envueltas en veneno y borrachas de ternura.

Detrás de su devoción a Ellington, a Monk, al piano mismo, al piano jamás maltratado, al piano amante, Villegas demostraba al que le gustara y al que no, que era un humorista.

Chiquito a la vista, grande en la imaginación, Villegas vivió como le dio la gana. Tocó como le dio la gana. Se fue cuando no pudo más.

Hace meses uno que lo llevaba prendido de las orejas, como los mejores tesoros de los piratas, lo veía pasar por la calle Uruguay con su tranquito, muy dobladito y estirando los ojos en una sonrisa a manera de un corto saludo.

De despedir uno se aburre y sopla el polvo de los discos. Ni se atreve a decir que este señor fue un grande y con esa disciplina de los mediocres sólo se anima a levantar un pañuelo blanco y decir adiós.
Jorge O. Palacios


ANECDOTARIO

•-Enrique Villegas era famoso porque en sus conciertos hablaba tanto como tocaba. El mismo contaba que una vez llegó un cliente muy apurado al “676”, el club de Piazzolla. “¿Y Villegas?”, preguntó. “Ya está tocando”, le respondió el portero. “Ah, entonces vuelvo más tarde, cuando esté hablando”.

•-Pero no siempre esa cualidad era apreciada. “Menos charla y más música”, aulló una vez una voz femenina desde la pullman. “Una cosa tiene que ver con la otra, doña”, replicó el Mono, “y además, ya verá que cuando yo empiece a hacer música usted no la va a entender”.

•-Aunque yo creo haber descubierto su estratagema, tal vez inconsciente. Lo que conversaba durante sus actuaciones estaba en relación inversamente proporcional a la calidad de los instrumentos que le tocaban en suerte. De todo, hasta una vez, en el Auditorio Kraft de entonces, un piano vertical. Ese día casi no tocó, y todos lo comprendimos.

•-Cierta vez Gulda, que lo había advertido entre el público, le preguntó cómo estaba: “Formidablemente. ¿No ve que lo estoy es-cuchando tocar?”

•-El Mono sostenía la tesis de que la buena música producía un bienestar directamente físico, no ya espiritual. Una somatización, pero para el lado bueno.

•-Como escucha, Villegas traía la costumbre del jazz, de asentir, de apoyar cada acierto del artista. En el Carnegie Hall tocaba Rubinstein, y una señora gorda lo chistó: “¡Cállese! ¿Qué va a pensar el maestro?”
“Que por lo menos, entre tanta gente, hay uno que lo entiende.”

•-Primeros tiempos del gobierno de Videla. Ofrece un concierto en el San Martín. Sale a escena y. entre los aplausos, dice ante las mil personas que colmaban la Martín Coronado: “Ante todo debo felicitarlos, porque veo que están vivos. Eso, hoy por hoy, ya es un mérito’ ’. Por mucha distancia, fue la primera acusación pública, formulada en un teatro oficial, que recibió la dictadura.

•-Recepción del ambiente en el Plaza Hotel. Otra dama le advierte: “Allí está Malcuzynski”. “A mí, no me molesta”.

•-Cierta revista anuncio un memorable ciclo suyo, en el Presidente Alvear, diciendo que era un músico exquisito, pero minoritario. La sala, sin embargo, estaba de bote a bote: “A ese periodista le pregunto, como el japonés del cuento, ¿y esto qué es, veldulita?”

•-Como no soy específicamente crítico musical, mi relación con él nunca fue profesional. Tampoco cuando le solicité, telefónicamente, una entrevista. “¿Para qué es?” “Preferiría decírtelo personalmente, pero... bueno, quiero hacer una película sobre Enrique Villegas.” “Ah, bueno, entonces sí. Vení nomás. Me quedo tranquilo porque ahora ya sé lo que no vamos a hacer.”

Era un sabio, el Mono, o un clarividente. Meses después sobrevenía el “rodrigazo”. Todo aumentaba de valor, menos el dinero que, peso ley sobre peso ley, habíamos juntado varios fanáticos del jazz, del Mono, y del cine. Aquella película nunca se filmó, de más está decirlo.

Nos recibió en su departamentito de la calle Ecuador, del cual eternamente estaban por desalojarlo (finalmente lo consiguieron, tengo entendido), una noche de calor infernal, en calzoncillos y poniéndose hielo en una muela. Sobre el piano de cola que apenas cabía en la pieza, toco Schubert: “Nunca se termina de descubrirlo”.

•-Villegas llevaba un diario de su vida para destruir, según él, la fantasía del artista disipado. Sus días eran absolutamente metódicos, igual uno a otro a lo largo de tantos años. Se levantaba tarde, se iba al cine, comía poco, y alguna mujer solía negársele: después, iba al trabajo, fuera el Colón o cualquier otra parte.
También tachaba en el almanaque cada día que pasaba, como suelen hacer los presidiarios.

•-Todas esas tareas han concluido. Quedan en el tintero su admiración por el maestro Alberto Williams, la relación de sus formidables fracasos en los Estados Unidos (donde, como se sabe, todo el mundo triunfa), el deseo irrealizado de grabar con Erroll Garner un disco a dos pianos que debía llamarse “Black & White”, sus rencillas con Lois Blue.

Contaba que el empresario del Odeón le advirtió antes de un concierto: “Tenga cuidado con lo que dice, que aquí actuó Sarah Bernhardt”. De aquí en más, valdrá recordar que en el Odeón actuaron Sarah Bernhardt, y Enrique Villegas. Aunque tal vez no sea necesario.

Texto de la Cubierta Interna del Compact Disc:

Cuando los amigos de Jazz & Fusión S.R.L. me propusieron editar un CD de ENRIQUE VILLEGAS, me hicieron sentir muchas cosas. En primer lugar, la emoción de recordar esas increíbles sesiones de grabación con el querido “Mono”. Las dificultades para conseguir un piano de su marca preferida, el Baldwin, que, afortunadamente, siempre lográbamos alquilar. Las alegrías y las broncas que süponían dichas sesiones, porque Enrique podía pasar de algún contratiempo circunstancial a la más absoluta ternura, que se expresaba en un rostro pleno de felicidad cuando todo comenzaba a funcionar en el clima imaginado por él. Pero las sesiones de grabación no tenían solamente el condimento de la música. Enrique tenía un libreto previo que cumplir, como usar la remera que usó en los Estados Unidos cuando grabó los dos memorables registros con Milt Hinton y Cozy Colé. Solía cambiarse en el estudio de grabación y andaba en calzoncillos por la oficina de administración como si fuera la cosa más natural del mundo, a pesar del espanto de las empleadas de turno. Fue todo un personaje.

Habría tanto para recordar que no alcanzarían las hojas de este folleto para describir todas sus anécdotas tan sabrosas. Pero lo escrito mas arriba alcanza y sobra para darnos cuenta que estábamos en presencia de uno de los seres más puros, inocentes, simples, auténticos y honestos de este país. Sus pasiones se reducían a una síntesis admirable que había logrado para tener muy en claro cuales eran las cosas por las que la vida merecía ser vivida. La música, un buen piano, tocar todos los días durante cuatro horas las obras de los grandes maestros de la música clásica, el cine, comer bien y leer a Macedonio Fernandez, por el que sentía una admiración sin límites, adhiriendo incondicionalmente al pensamiento y la filosofía del gran escritor. Con todo lo citado Villegas supo orientar su vida y fue absolutamente fiel a si mismo. Su honestidad con la música fue de tal magnitud que hasta llegó a sacrificar sus posibilidades de bienestar, como cuando tuvo que aguantar largos años de ostracismo en los Estados Unidos, sin grabar, porque no aceptó llevar al disco el repertorio que le imponían y con el que no estaba de acuerdo porque no lo sentía. Tan honesto fue como que nunca aceptó firmar un contrato por todos los discos que grabó conmigo. Decía que aún con contratos lo habían perjudicado bastante, de manera que prefería confiar en que un buen apretón de manos y la palabra empeñada eran suficientes. Ambos fuimos fieles al compromiso asumido y Villegas registró todos los discos que realizó en nuestro país bajo mi producción, lo que me convierte en un privilegiado.

Enrique no solo era un excelente pianista sino que, tal como lo pueden atestiguar todos aquellos que siguieron su carrera, era un admirable conversador y comunicador con su audiencia. Lo que los norteamericanos llaman un “entertainer”. Tanto es así, que un día fui testigo de un comentario de dos personas del público durante un recital que estaba ofreciendo en una sala de la Sociedad Hebraica Argentina. Durante el intervalo, mientras los asistentes salían de la sala, escuché que una persona le comentaba a su amigo: “Enrique Villegas, además de buen cómico, es un formidable pianista”. Habían ido a escucharlo hablar!

Los invito a escuchar muy atentamente la sinceridad de sus interpretaciones, sus notables hallazgos y su estupenda creatividad. Ofrecerles esta selección es una obligación muy honrosa porque nos permite preservar la memoria cultural de los grandes personajes y artistas de nuestro país. Sin duda, Enrique “Mono” Villegas pertenece a esa categoría, por lo que me siento muy orgulloso de ofrecerlo por primera vez en CD.

Alfredo Radoszynski Abril de 1996

martes, 4 de marzo de 2014

0134 - Enrique "Mono" Villegas - 1968 - Porgy & Bess



Vuelven las Obras Maestras:

Comentario del Maestro: Oscar López Ruiz.... extraído de la contraportada, del LP original del sello TROVA:

Conocer a Enrique, y tratar con él, comercial o socialmente, es una caja de sorpresas, porque un que a muchos no les guste o no le crean, es realmente un tipo anti convencional, pero por sobre todas las cosas es un hombre que busca su libertad, pero no una libertad utópica hecha a base de concesiones, sino aquélla a la que se llega a través de la lucha contra el medio y contra uno mismo, para poder expresarse, para poder sacar afuera toda la mufa, el sentido del humor, la imaginación, la agresividad, la bronca, la ternura.

Para Enrique vivir no significa un mero acto biológico, sino un compromiso y un desafío, y es tal vez por eso, que logra trascender tomo quizás ningún otro músico de jazz en la Argentina, aún en aquéllos a los que no les gusta el jazz.

Hace unos meses, se abrió la puerta de nuestras oficinas y entró una aplanadora disfrazada de Villegas, que nos venía a contar que "tenia" que grabar Porgy & Bess. Habló una hora, nos contó todo lo que pensaba hacer con esta obra y se fue. Así nomás como es él, sin protocolos ni camelos. 

Muchos días después apareció otra vez y gritó furiosamente que ya estaba listo y que lo iba a hacer con contrabajo el viernes 15 de noviembre a las 20 hs. en Estudios Ión, y que le hiciéramos transportar su piano hasta el estudio porque sino no grababa, y se fue. 

El famoso viernes 15 apareció, como siempre una hora antes por el estudio sin el contrabajista, por supuesto, ya que había decidido hacerlo solo. A las 20.30 empezó a grabar y a las 2.30 había terminado. Se cambió su increíble remera de grabar y se fue. Pero esta vez no fue a la casa sino que se fue a Estados Unidos.

A través de esta semblanza Ud. seguramente pensarán que Enrique estó rayado. Afortunadamente si, está rayado, pero con una ralladura que le hace llegar a resultados tan sorprendentes como estas grabaciones, donde paradójicamente se nota que no está rayado, sino que es un músico tremendo, pero por sobre todas les cosas tremendamente auténtico, y que frente al fenómeno de la vida, que él condensa musicalmente tiene una lucidez que mete miedo.

Al escuchar los resultados que provoca Enrique con su música, uno comprende que es un tipo con sentido común, que nada de lo que hace o dice es caprichoso o arbitrario, que todo lo que en él tiene un orden; que, en definitiva, es un tipo coherente, más bien aplastantemente coherente, Tal vez lo que sea tan discutido de él es le valentía de decir y vivir las cosas que los demás no se atreven tan siquiera a pensar. ! Ah ¡ Y además las toca.

Había elegido estos diez temas, y estaba fundamentalmente preocupado en expresar el sentido, el clima exacto que de la obra se extrae, no tomar los temas como una combinación de sonidos, que aunque la teoría lo diga no tiene nada que ver con la música, sino fundirse con todo el dolor y la angustia de esta obra, cada día más vigente, más actual, y no solamente desde el punto de vista dramático sino también musical.

Se sentó al piano y grabó la primera toma, que en nuestro disco es el Lado 1, pero se olvidó de tocar uno de los temas que se había propuesto (I Wants To Stay Here) por lo cual con mucha pena se preparó para una segunda. La primera estaba tan lograda que insistí para que antes de decidir nada lo escucháramos en su totalidad. En medio de la impresionante mística que rodea cualquier cosa que haga Enrique, del silencio enorme con que estábamos gozando plenos de toda esa música, matizado con algún grito de alguno de nosotros, se nos ocurrió juntos la misma idea y empezamos a hablar a la vez: ¿Por qué no hacemos una segunda toma, incluyendo el tema olvidado, y lo poníamos como Lado 2? Veinticinco minutos después Porgy &. Bess, Villegas, el Jazz y nosotros estábamos consumados.

Tal vez, antes de escuchar las dos caras del disco, a Uds. les pueda parecer arbitrario todo esto, pero estoy seguro que después van a estar de acuerdo. Si no lo estuvieran, vuélvalo a escuchar siete u ocho mil veces más; si aún no están de acuerdo, tírenlo o tírense Uds., váyanse de las cercanías del jazz y rápido porque les va a costar muchos disgustos.

Enrique trató aquí de demostrar que además de una hermosa técnica, de un hermoso piano y de un enorme bagaje de conocimientos musicales, de un metier logrado a través de cuarenta y cinco años con la música, tiene IMAGINACION, VIDA y GANAS.

Por supuesto lo logra ampliamente ¿No creen?

Notas de OSCAR LOPEZ RUIZ


1968 - Porgy & Bess - Enrique Villegas (Lado 1 (Completo)
Introducción 
Summertime 
My man's gone now 
Oh, I got plenty o'nuttin' 
Bess, you is my woman now 
It ain't necessaraly so 
There's a boat dat's leavin's soon for New York 
Bess, Oh where's my Bess 
Oh lawd, I'm on my way

1968 - Porgy & Bess - Enrique Villegas (Lado 2 (Completo)
Introducción 
Summertime 
My man's gone now 
Oh, I got plenty o'nuttin' 
Bess, you is my woman now 
It ain't necessaraly so 
I wants to stay here 
There's a boat dat's leavin's soon for New York 
Bess, Oh where's my Bess 
Oh lawd, I'm on my way



miércoles, 7 de agosto de 2013

1869 - Enrique Villegas - 1968 - Baladas de amor

1868 - Enrique Villegas Trio - 1967 - Metamorfosis de los 24 preludios de Chopin



He aquí un hombre frente a su piano. Mejor dicho, tres hombres frente a la música y al problema de la creación. No sólo decen ahondar en una obra dada, sino que deben proyectar el propio espíritu . sobre ella; remover las fuerzas profundas que conmueven a un intérprete.
Villegas y su piano ante una doble exigencia: Villegas está ante Chopin y tiene que crear, pero debe dejar vivir en la creación la esencia de la obra. Y además, debe hacer jazz; dentro de ciertos límites, claro. Chopin ha dejado en los 24 Preludios algo de su torturado espíritu, rastros de su sangre; pensamientos, pasiones que todavía resuenan. Y gran parte de esta sustancia (pese a la improvisación que impone el jazz) tiene que llegar al oyente, debe sobrevivir.
Dos horas de ensayos antes de la grabación; más de cien años transcurridos separan, al compositor, de una música que no conoció; otros ritmos, otra manera de contemplar y sentir el mundo. 
Dos horas de ensayos y una preocupación incesante: respetar a Chopin. es decir, hacer jazz pero conservando, utilizando todo lo que su música tiene de utilizable. 
Ya sabemos quién es Villegas frente al jazz, y también sabemos en Buenos Aires quién es Villegas ante la música de concierto. Durante años ha penetrado pacientemente en los secretos de muchos compositores.' Sin este requisito previo no es posible una ejecución equilibrada. 
No se recrea un ambiente sin conocer sus caminos, sus' senderos ocultos; sin poder vadear sus torrentes, las grandes fuerzas anímicas que lo cruzan. Y ésta es una tarea de amor y de constancia. Ahora, a este clima musical dé los Preludios hay que fundirlo con el jazz; y algunos se preguntan ¿es lícito hacerlo? 
El compositor ha dicho algo en su lenguaje personal; ¿se podría decir en otra  forma? ¿Injertar variantes? El día y la noche, el dolor o la alegría, la luz y la sombra que el creador incluyó en la obra ¿aceptan otro matiz? ¿Será la sombra más fresca, el goce más intenso? Fabien Sevitzky me decía: “No veo inconveniente en que se grabe en jazz a los grandes maestros; todo es música. E inclusive permite a los que ignoran estas creaciones que penetran en ellas, aunque sea obedeciendo a otro impulso”. Pocos días antes de la grabación, afirmaba un amigo: “¿Grabar Chopin?, es una irreverencia. El problema no sólo es respetar una partitura. La inclusión de un ritmo ya significa el falseamiento del espíritu con que se concibió la obra”. 
Yo aseguro que si algo se respeta en esta? versiones de los 24 Preludios, es el  espíritu ; pese a habérseles añadido otro matiz que sólo el jazz puede proporcionar. Jazz. sí. pero Chopin también. Aqui encontramos la melodía de Chopin,ésa tan particular que no puede confundirse jamás con la de ningún otro compositor. Seguimos distinguiendo la frase melodica suelta sin violencia sin sobresaltos: llena de seduccion y poesia.
Todo su refinamiento armónico y melódico. Y las frases aparecen, se esfuman, vuelven, giran, se oscurecen, se iluminan. Percibimos sus expresivos acentos.
Veamos qué más podemos descubrir en estos Preludios, al margen de una técnica. Jorge Sand asegura qué algunas de estas obras sugieren a la imaginación visiones de monjes difuntos y ecos de cantos funerales; otros son suaves melodías y le fueron inspiradas en horas de luz y de salud, cuando oía, a lo lejos, el rasguear de las guitarras en Mallorca; otras son profundamente tristes, y al tiempo que deleitan el oído desgarran el corazón. Ciertos críticos piensan que son breves ideas musicales surgidas en cualquier parte, durante sus viajes, simples apuntaciones que esperaban un mayor desarrollo con el tiempo. Admirablemente certera es la frase de Schumann: “Croquis, o si se quiere, ruinas; alas de águila desgarradas. Una rarísima mezcla. Pero cada pieza lleva escrita su firma: Federico Chopin la compuso”.
Sea cual fuere la realidad, queda en ellas la intensa poesía de un alma, de un hombre que amó y sufrió como todos los hombres de su tiempo; como todos los hombres de todos los tiempos. Y en estas ejecuciones de Villegas encontramos realmente el espíritu de los Preludios. Seguimos pensando, con Schumann: Chopin los compuso. Desde la energía que yace y se manifiesta en el primero, o la tristeza del . segundo, hasta el arrebato, la pasión que refleja el último. Y vemos cruzar a través ‘le todos, y sucesivamente, la alegría y el dolor; música sombría y agitada a ratos, con serenidad de ánimo otros; y afecto, indignación, pasión. O simplemente un murmullo fluido y sensible; contemplación, febril angustia, confusión bélica. En fin, el contrasentido profundo y coherente de un espíritu humano. Y todo está presénte en este disco. El espíritu de Chopin.
Y frente a él, tres hombres: Villegas, López Ruiz, Casalla. Hombres del jazz, es cierto, pero también hombres* de la música; con profundo amor por la música, sin exclusiones. Me parece ver a Villegas en los instantes previos, con su nerviosismo, con su responsabilidad. Gran responsabilidad, especialmente porque estaba frente a la sombra de Chopin. Y esto es más grave, ya que la sombra de un creador genial, del que nos separan años y años, suele ser más fuerte, imponer más presencia que ia realidad material de un hombre, ya que la sombra es el genio en estado puro, sin los desfallecimientos de ia persona. Chopin, hombre, está sujeto a todos los males terrestres. La sombra de Chopin es la figura ideal que hemos ido construyendo, sin peso, pero terriblemente tiránica, sin los inconvenientes y traumas de la carne.
Creo que Villegas y sus acompañantes han triunfarlo ante las exigencias de esta sombra.


https://mega.nz/#!lzREQKhR!XYFcuf09hWRt31S78dAU501dtRxp0xHj5lrfleNj8uM

lunes, 24 de junio de 2013

0042 - Enrique Viillegas - 1973 - 60 Años






1 - 01 - Enrique Villegas - St Louis Blues
2 - 02 - Enrique Villegas - Caminito
3 - 03 - Enrique Villegas - La Rosita
4 - 04 - Enrique Villegas - Free